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Por la Espiral - December 6, 2005

México y EUA: libre comercio y migración

A finales del mes de noviembre estuve de visita por Orlando, Florida y nos encontramos con una serie de noticias con nexos inevitables con México, tales como el incremento de la antipatía de cierto sector de la población de Estados Unidos hacia el NAFTA-TLCAN y cualquier otro intento de liberalización comercial; y las reacciones al programa migratorio temporal propuesto por el presidente George Walker Bush que parte de mayores medidas de seguridad para frenar la migración ilegal.
 En el viaje de trayecto fueron visibles los destrozos que dejaron a su paso los huracanes que golpearon a Beaumont, cerca de Galveston, al este de Houston, Texas; y los efectos de Katrina en Nueva Orleáns, donde ciudades como Biloxi siguen dañadas.
 Muy cerca de entrar a la Ronald Reagan turnpike que enfila hacia Orlando aparecen sendos letreros con un mensaje directo: “If the NAFTA hasn’t crushed you … the FTAA will." En español, la sentencia es igual de directa: ” Si el NAFTA no te ha quebrado, el FTAA lo hará”.
 Por sus siglas en inglés  FTAA significa Free Trade Area of the Americas, lo que nosotros conocemos como ALCA, es decir, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, cuya impopularidad es tan fuerte afuera como adentro de Estados Unidos.
 Los presidentes de México y Estados Unidos son amplios defensores del libre comercio y de los procesos de integración, con la diferencia de que en México tenemos  firmados tratados con 33 países y Estados Unidos camina a tientas en el proceso.
En las similitudes, en los dos países distinguimos lo antidemocrático que ha resultado el libre comercio para la población, reducida a  simple espectadora de las negociaciones  entre los mandatarios y sus respectivos equipos, más la ratificación de los acuerdos en el Congreso de cada país.
 El proceso del libre comercio en México y Estados Unidos tiene un carácter impositivo; la autoridad del Fast Track que utilizó el presidente George Herbert Bush para la aprobación inmediata del NAFTA es una prueba indiscutible. No hay manera de esconderlo, ni de disfrazarlo: a ningún ciudadano estadounidense o mexicano le preguntaron su opinión, a favor o en contra, de la  liberalización comercial; ni siquiera de las ventajas y desventajas.
 Estados Unidos, que presume de ser el país de las libertades y la democracia, ha ignorado por completo a sus ciudadanos no así a los grupos de poder dueños de grandes multinacionales que son los responsables de buena parte del neoliberalismo que no quiere trabas de ningún tipo para invertir en otras economías. Persiste una honda diferencia entre el proceso de integración y liberalización en la Unión Europea comparado con los pasos del NAFTA. 
A COLACIÓN
 En la Cuarta Cumbre de las Américas, que resultó anti climática para el ALCA, el presidente George W. Bush debió escuchar de Néstor Kirchner, presidente de Argentina, y anfitrión de la cumbre, las palabras de “no estamos preparados. Estados Unidos tiene que revisar una serie de compromisos con América Latina”. Bush escuchó, pero no dio paso atrás, y no dudó en defender la bandera del libre comercio como la promotora de la democracia y el bienestar de los pueblos.
 El presidente Vicente Fox lo secundó convertido en adalid del ALCA: “Hay que firmarlo, él que quiera entrar que entre, el que no, que no lo entorpezca”. Y luego fue más allá afirmando una y otra vez que “los mexicanos todos queremos el ALCA porque creemos en el libre comercio”. 
 En México, casi nadie sabe del tema, y ya nos involucraron de manera involuntaria en una decisión que nos corresponde a nosotros como ciudadanos. Qué clase de democracia tenemos.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Ciertos sectores en la Unión Americana culpan al libre comercio por el debilitamiento de algunas industrias y de la pérdida de empleos. En la OMC existe un panel para dirimir controversias derivadas de quejas por competencia desleal que atentan contra el libre comercio, el NAFTA ha dado un buen cúmulo de éstas controversias y México tiene  su historia peculiar con Estados Unidos; como Estados Unidos tiene la  suya con Canadá.
 El libre comercio sigue dividiendo opiniones como sucede con el tema migratorio y el de la frontera segura.  En este último renglón, el presidente Bush pretende retomar la imagen de liderazgo que adquirió tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que poco a poco se ha ido difuminando sobre todo después de la lenta reacción de la Casa Blanca para ayudar a Nueva Orleáns y las demás ciudades afectadas por Katrina.
 El huracán ocasionó un nuevo  descenso en la popularidad del  presidente Bush.  Un sondeo divulgado por The New York Times reveló que 50% de los encuestados (contra 43%) aprobaron la forma en que Bush maneja el terrorismo. Un 60% consideraron que Bush no comparte sus prioridades para el país. La aprobación de la gestión global del presidente es del 41%, contra una tasa de desaprobación del 53 por ciento
 Por su parte, el semanario News Week, afirma que la popularidad de Bush ha caído drásticamente, dado que sólo el 36% de los entrevistados están satisfechos con la gestión del presidente contra un 68% que lo reprobaron.
 En México, con motivo del quinto año de gobierno del presidente Vicente Fox, el periódico Reforma reveló que entre los ciudadanos consultados el 62% aprobaron el trabajo de Fox. Mientras que Grupo Televisa le dio una calificación de siete a la administración del político guanajuatense.
 El paso de los huracanes tuvo una interesante repercusión en la percepción de la población hacia el grado de respuesta del presidente y su gabinete. En Estados Unidos, Bush está pagando en parte su cuota de impopularidad por la lenta reacción y negligencia después de la afectación de Katrina, en tanto que en México, la rápida reacción del presidente y de su equipo más la disposición de recursos extraordinarios que ha permitido el precio del petróleo le han dado un buen margen de acción inmediata. A Fox le redundó y la población lo valoró así en el repunte de los niveles de popularidad.
 Con base a estas manecillas del reloj, veremos que el presidente Bush  buscará repuntar su liderazgo utilizando los argumentos y tácticas que mejor le resultan como son: lanzar amenazas, hablar de seguridad, luchar contra el terrorismo; él no tiene disposición para dar tregua y por tanto, todo apunta, a que seguirá reforzándose la lucha para frenar la migración ilegal, ignorando los derechos humanos.  Por lo pronto ha sido claro “no habrá amnistía para los ilegales que ya entraron al país”.
Agradezco sus comentarios a: claulunpalencia@yahoo.com

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