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Espectáculos - December 3, 2005

“Las vueltas del citrillo”, refleja la obsesión de Cazals por hacer cine con y para los de abajo

Una escena de la cinta de corte revolucionario
 Foto: Azteca21

Por Carlos Coronel
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 1º de diciembre de 2005. Alejado de las figuras de mármol encarnadas en los gestos pulidos y gestas ecuestres de un Jorge Negrete, un Pedro Infante o una Irma Serrano, pero sobre todo de un Pedro Armendáriz de mirada de fuego y voz de trueno en la pantalla grande, Felipe Cazals se acerca con su nueva película a la gleba revolucionaria con una mirada desnuda, a veces onírica, sin maquillaje ni falsas poses.

“Las vueltas del citrillo” (México, 2005) es una película donde los cañonazos se apagan por las risas desencajadas de las soldaderas, que para matar el tiempo se la pasan bebiendo curados en la pulquería del mismo nombre. Cazals recrea a su antojo a un grupo de federales antes de las asonadas revolucionarias, poniendo de manifiesto la inminencia de la anarquía, el desorden y caos que arrasará al país entero a principios del siglo pasado.

No le importa la Historia, sino la historia. Sus escenas son viñetas de esa vida que transcurre sin futuro ni ilusiones, como esa trajinera en Xochimilco llamada “La mala vida”, que sirve para festejar y sentar a una mesa a los matones cuicos y al párroco regordete, y que será en otra escena la misma barcaza que se encargará de vaciar este mundo de pelados huercos rumbo a la noche eterna.

Cazals logra armar un friso anónimo de esa época con las leyendas que cuentan los mismos personajes varados en el citrillo, con los refranes que intercambia una pareja de adúlteros mientras consuman su acto; con las miradas, gestos y ocurrencias de sus personajes grises: el sargento celoso, el cabo obediente y el soldado valentón que grita a la hora de su fusilamiento.

Dirigiendo a Damián Alcázar, José María Yazpik, Vanessa Bauche, Jorge Zárate y Mario Zaragoza, el realizador de películas como “Canoa”, “El apando”, “Las poquianchis”, consigue contar lo no contado hasta ahora por las películas de ese periodo: el sin sentido de las luchas, la gleba antiheroica. “Las vueltas del citrillo” son las vueltas de Cazals a su obsesión por hacer cine con y para los de abajo. La cinta se incluye en la XLVI Muestra Internacional de Cine organizada por la Cineteca Nacional, que se exhibe en esta ciudad, y más adelante se exhibirá en otras del interior del país.

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