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Por la Espiral - November 17, 2005

Greenspan: shocks y flexibilidad

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (próximo a jubilarse en enero de 2006 y quien será sustituido por Ben Bernanke) durante su participación en video en las jornadas de: “Estabilidad y crecimiento económico: el papel del Banco Central”, trajo a colación varias premisas fundamentales que los gobiernos deben reconsiderar para salir avante en la globalización y lo mejor posible en las horas bajas del ciclo económico mundial.
 Greenspan señaló, que la diferencia entre uno y otro país para enfrentar los efectos de los shocks externos y poder esterilizarlos, depende de la capacidad interna de  país para tener mercados lo más flexibles posible. Por esa razón hizo un llamado a las economías emergentes a trabajar en este sentido.
 En un mundo globalizado la exposición al riesgo de las economías es alto,  adoptar un modelo de economía abierta con un crecimiento hacia fuera conlleva ventajas y desventajas que deben mantener alertas a las economías ante la  volatilidad externa.
Cada país responde a un ciclo económico y el mundo, de manera global, tiene uno propio. El ciclo está formado por diferentes fases: expansión, estancamiento, contracción o recesión y recuperación.
 A periodos de alto crecimiento mundial le siguen etapas de contracción o recesión. La apertura, el liberalismo, tiene un efecto de boomerang en las economías abiertas que no pueden escapar a las fases cíclicas. El comercio global fluye en periodos de expansión. Por cada mercancía que se vende en alguna parte del mundo hay detrás un dólar, un euro o un yen que ingresa a la economía que realizó la venta.
 Por el contrario, en la fase de contracción o recesión mundial, contra todos los preceptos y las teorías neoliberales, los países siempre  reaccionan con políticas proteccionistas, en detrimento del libre cauce del comercio. Esto dificulta la colocación de productos provenientes de otros países.
Por tanto, menores ventas implican menos dólares, euros y yenes. Al final de cuentas, la balanza de pagos experimenta un desequilibrio a consecuencia de la presión ejercida en la cuenta corriente de la balanza comercial.
A COLACIÓN
 Un shock es una alteración que genera perturbaciones en una economía por el lado de la oferta y la demanda. Las diversas escuelas de pensamiento económico han dedicado tiempo para dilucidar y determinar qué tipos de shock son los que con mayor frecuencia alteran a los mercados y a las economías.
Básicamente hay dos tipos de shock: a) De perturbaciones en la demanda, como los cambios en la política fiscal y monetaria, y el desplazamiento del gasto de inversión de las empresas privadas. b) Perturbaciones en la oferta, producto de un cambio en el precio relativo de un insumo clave en el proceso de producción.
Los países pequeños que están fuertemente expuestos al comercio internacional muestran características distintas a las de los países de gran tamaño, que son menos vulnerables al intercambio. Los países que dependen de las exportaciones de materias primas están sujetos a diferentes tipos de shock en comparación con aquellos exportadores de manufacturas.
El Salvador es un ejemplo. Durante 2000, la economía salvadoreña sufrió la disminución de los precios internacionales del café de exportación, lo que le significó menores ingresos en divisas. Dado que es un país importador de hidrocarburos, la economía salvadoreña resintió el aumento del precio de los carburantes, lo que se tradujo en inflación.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Alan Greenspan es considerado como un gurú de las finanzas, goza de cabal prestigio internacional y generalmente sus previsiones son muy acertadas. Cuando Greenspan revela su creciente angustia por los shocks,  lo hace  a sabiendas, de que el mundo ha enfrentado crisis agudas con marcadas consecuencias sociales, políticas, económicas; contra la paz y el orden mundial.
 El petróleo ocupa gran parte de este temor que muchos compartimos si nos atrevemos a avizorar al mundo en veinte o cuarenta años.
 La palabra shock petrolero está presente en las mesas de análisis, este año en varias ocasiones Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, utilizó abiertamente las palabras “shock del petróleo” para explicar el menor crecimiento mundial, la afectación en la Unión Europea, en la zona euro y en las metas de inflación.
La escalada del petróleo maniobra para mal en un mundo globalizado con perturbaciones totalmente distintas a las enfrentadas en la década de los setenta pautadas por condiciones geopolíticas y geoeconómicas diferentes a las actuales.
Con petroprecios altos todos pierden, inclusive los países exportadores como México que a pesar de que reciben en sus arcas mayores ingresos terminan sufragando el costo de la desaceleración del motor mundial, dentro del cual Estados Unidos es una pieza fundamental.
Los efectos en este sentido son claros y preocupan al Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea, OCDE y a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que advierten de una mayor inflación, menor crecimiento económico, un impacto negativo en la cuenta corriente de algunos países y de presiones deficitarias.
El shock de oferta ocasionado por el aumento de los precios del petróleo, insumo fundamental de la producción, se traslada a los productores vía los costos y éstos a su vez responden al shock de dos formas: 1) Compensando el impacto de un insumo de la producción más caro vía la reducción de la nómina (desempleo). 2) Trasladándolo hacia el consumidor final que pagará por un bien o un servicio más caro (inflación).
La incidencia en la macroeconomía es evidente y su capacidad de respuesta ante el shock de oferta depende de la política fiscal y la política monetaria.
En septiembre pasado, representantes de 26 bancos centrales del mundo reunidos en Santiago de Chile afirmaron que la volatilidad en el precio del petróleo ha sido el principal impedimento para cumplir las metas de inflación en sus países.
Es una realidad: el valor del crudo ha desestabilizado cualquier política adoptada para contener los petroprecios.  En Estados Unidos la inflación anual hasta septiembre se ubicó en 4.7% y en la zona euro en 2.6 por ciento.
Hay una amplia e innegable consternación por el futuro del petróleo, su impacto real en la economía de todos los países, un shock de oferta presente al que debemos responder lo mejor posible antes de caer en un escenario peor al de 1929.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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