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Negocios - November 15, 2005

Dueña de changarrito se faja las faldas y logra que le impongan una multa millonaria a la Coca Cola

La marca peruana que se convirtió
en la ‘manzana de la discordia’
 Foto: Internet

Ciudad de México.- 15 de Noviembre del 2005.- México ha impuesto a la empresa estadounidense Coca Cola 68 millones de dólares en multas—las mayores de su historia por la ley antimonopolios—como resultado de una demanda presentada por una comerciante harta de que los embotelladores de ese refresco le dijeran lo que podía hacer o no en su tienda de un barrio pobre de esta capital.

Si bien su tienda es pequeña, la victoria de Raquel Chávez no lo es.

Las multas—una de 15 millones de dólares y otra de 53 millones—no se anunciarán formalmente mientras no concluya el período obligatorio de apelaciones, pero los reguladores oficiales y un representante de la Coca Cola confirmaron esas cifras.

No es coincidencia alguna que la batalla se librase en México, que es el país con mayor consumo de refrescos embotellados per cápita en todo el mundo.

Ni siquiera Chávez, de 49 años, pensaba ganar la batalla legal cuando un distribuidor de la Coca Cola le prohibió que vendiese Big Cola, una marca que llegó procedente de Perú, o de lo contrario se arriesgaba a perder el suministro del refresco estadounidense.

“El servicio no me lo puede quitar, les dije. Eso es anticonstitucional”, dijo Chávez a The Associated Press. “Yo no sabía si de veras era anticonstitucional pero de todas maneras se lo dije”.

Coca Cola desmintió que sus prácticas comerciales fuesen monopolísticas.

“Respetamos las… decisiones”, dijo el vocero Charley Sutlive. “No obstante, hemos utilizado el proceso de apelaciones que nos corresponde para presentar el argumento de que nuestras prácticas comerciales cumplen con las leyes de competencia de México y para demostrar que… son leales”.

Las ventas de Coca Cola abarcan alrededor del 70% del mercado de refrescos en México, y todas las tiendas de comestibles venden esa marca. Chávez también la vende. Pero según declaró,  resiente que se le diga lo que puede vender o no en su establecimiento.

"Aquí ustedes no mandan", dijo Chávez a los representantes de la Coca Cola. "En mi tienda yo mando".

En el 2003, los clientes de su tienda, llamada "La Racha", comenzaron a pedirle que les vendiese Big Cola, un refresco importado que comenzó a penetrar en el mercado de la Coca Cola debido a sus precios más bajos.

Los representantes del refresco estadounidense quisieron prohibirle que vendiese el producto peruano, pero Chávez se negó.

“Yo me siento como un ciudadano que exige sus derechos, y no se deja pisotear”, declaró Chávez. “Nada más”. (Agencias)

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