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Por la Espiral - November 9, 2005

París, pólvora de la discriminación

Hace algunas semanas escribimos a favor de que la  migración pase a la agenda mundial, un fenómeno presente en un ciclo consecutivo  cada doscientos años de acuerdo a lo que observamos de manera más constante a partir del siglo XVI. El desplazamiento humano de un país a otro, de un continente a otro, engloba una serie de connotaciones a la que, de no darse la pertinencia necesaria, puede desencadenar una espiral de  desestabilización mundial.
 Los sucesos de París, en primera instancia sacan a la luz pública lo que desde hace ya varios años viene siendo algo inocultable: la creciente migración no es bien vista en ningún país que recibe a los flujos de inmigrantes porque siguen siendo “los indeseables” y se entremezclan sentimientos de odio, rechazo racial, xenofobia, discriminación social, cultural y económica.
 Como señalan las estadísticas mundiales, en los últimos diez años se ha incrementado de manera explosiva el flujo migratorio como una consecuencia de la caída del Muro de Berlín, el desmoronamiento del socialismo en la URSS y  en los países de Europa del Este. Fue un impulso para reorientar las corrientes migratorias al interior de la Unión Europea que aceleró con el traslado de personas del Continente Africano expulsados por la pobreza extrema, hacia economías como Portugal, España, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña.
 En el Continente Americano, la correlación la encontramos con la puesta en marcha del TLCAN entre México, Estados Unidos y Canadá el primero de enero de 1994. El libre comercio fungió como un acelerador de la expulsión de mano de obra del sector primario de la producción en México rumbo al  campo de Estados Unidos, la construcción y el sector servicios. En los últimos seis  años a la corriente migratoria de mexicanos se han añadido las masas de personas de Centroamérica.
 Este fenómeno, que no es aislado, sucede en cada uno de los cinco continentes, imaginemos entonces un mapamundi donde de todos los países subdesarrollados o en vías de desarrollo salen flechas que son las corrientes migratorias dirigidas a formar ondas de traslado que corren rumbo a   todos los países del llamado “primer mundo”.
 Hace diez años nadie reparó en tomar acciones, las Metas del Milenio que enarbola la ONU llegaron a mi juicio demasiado tarde en un mundo en donde la gente ya se cansó de vivir de la esperanza generacional de superar la pobreza ancestral de sus familiares. La situación es muy sencilla de entender: la gente está dejando su terruño para ir a tomar las oportunidades a un costo muy elevado.
 Ante los hechos, los gobiernos de los países expulsores están rebasados, muchos dependen de manera crucial de las remesas como sucede con los países centroamericanos. La respuesta nimia radica en programas de atención a los paisanos; repatriación de familiares; facilitar el traslado  de las remesas mediante los canales del sistema financiero; reorientar los esquemas de consumo a un nuevo mercado con poder adquisitivo (los datos de la Reserva Federal señalan que los más de treinta millones de mexicanos que viven en Estados Unidos tienen una riqueza anual de 800 mil millones de dólares); e implementar algunas acciones gubernamentales para aprovechar y canalizar el nuevo potencial hacia el mejoramiento de las comunidades donde viven sus familiares.
 Lo que los gobiernos no han podido resarcir mediante las políticas públicas, ahora se realizan con las remesas.
A COLACIÓN
 París es un polvorín que se extiende hacia otros países donde los inmigrantes están hartos de las limitaciones a la educación y de trabajar muy duro a cambio de carecer de seguridad social y sanidad.
 En este contexto es igual de prioritario el tiempo que ha demorado México y Estados Unidos para lograr un acuerdo migratorio bilateral. La dilación puede provocar mayores violaciones a los derechos humanos, ahondar los resentimientos, en un momento en que en Estados Unidos prevalece un Estado fascista, que vela por encima de todo de la seguridad y la protección antiterrorista.
 ¿Podremos lograr un acuerdo migratorio antes de que concluya la administración del presidente Vicente Fox?  Depende de la celeridad con la que el presidente George W. Bush logre consensos y acuerdos en el Congreso para defender la propuesta de dar visas temporales de trabajo para los inmigrantes por etapas de tres años con la opción de extensión hasta por seis años.
 La postura estadounidense es no conceder ningún tipo de legalización definitiva, sólo temporal, y habría que hacer un padrón en las empresas que contratan mano de obra para el campo y especificar las estaciones del año dónde más se requiere la fuerza inmigrante; lo mismo que en la construcción y el sector servicios.
 En la forma parecería que conceder visas temporales es suficiente para resolver el problema de la inmigración, no obstante, lo que más debemos cuidar es la calidad del acuerdo migratorio y en este punto no tenemos respuestas claras en: 1) Qué garantías sociales incluyen las visas temporales. 2) Cobertura de seguros médicos por accidentes laborales. 3) Acceso a pensiones y jubilaciones. 4) Facilidad de movilidad laboral. 5) Permiso de traslado hacia las comunidades de origen para visitar a la familia. 6) Facilidades para la reintegración permitiendo la visita de familiares hacia el lugar donde se encuentran en Estados Unidos.
 En estos aspectos hay sendas lagunas. El quid de la cuestión es qué gobierno, de qué país, se encarga de considerar en sus respectivas políticas públicas a este grupo de seres humanos que subsisten en el limbo, como fantasmas en México y en Estados Unidos, pero que aportan en ambos lados de manera considerable.
 En lo personal mi mayor preocupación es cómo le harán estos inmigrantes que obtengan las visas temporales para ir ahorrando para su retiro, ¿dónde lo harán? ¿En México? ¿En Estados Unidos? ¿Quién responderá por ellos cuándo cumplan sesenta años?
 La migración la vemos por el lado del potencial económico pero no podemos soslayar su cariz social y humano, París nos sirve de recordatorio.
SERPIENTES Y ESCALERAS 
 Desencuentros en la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, Argentina, tal y como lo recoge el periódico The Miami Herald en su edición del lunes 7 de noviembre del año en curso donde manifiesta la poca voluntad de Bush y Fox para reunirse en un aparte y discutir los pormenores del gran pendiente migratorio. Nunca sucedió por que en palabras de Fox: “Ni él estaba interesado, ni yo”. ¿ Querrán acaso un París en Estados Unidos?
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com
 
 

 

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