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Por la Espiral - November 9, 2005

Despetrolizar las finanzas

Hoy que la mayoría de los gobiernos en el mundo analizan el destino  de las  energías fósiles no renovables y altamente contaminantes en un siglo señalado por el agotamiento de los recursos naturales y energéticos,  es de gran relevancia que México realice una serie de acciones para despetrolizar las finanzas públicas y estructurar medidas que nos permitan asegurar nuestro futuro energético.
El petróleo ha sido un factor determinante en la esfera de las relaciones entre México y las naciones más fuertes, en el terreno de lo político y marcadamente en lo económico, hacia adentro y hacia fuera.
En la literatura encontramos pasajes importantes de este rol del  petróleo, Paul Garner, investigador e historiador, nos proporciona indicios clarificadores en el libro "Porfirio Díaz, del héroe al dictador”, con datos como los siguientes: “No hay duda de que el motor del crecimiento de la economía mexicana durante el porfiriato fue el sector de las exportaciones. Se ha calculado que las exportaciones aumentaron a una tasa promedio de 3.9% entre 1878 y 1895, y llegaron a un incremento anual promedio de 6.9% entre 1895 y 1910. El sector más dinámico era la minería, complementada, después de 1901, por el desarrollo de la industria del petróleo”.
De forma histórica, el petróleo fue el principal atractivo de la balanza comercial del país. En la década de los ochenta el reclamo constante de los analistas fue en el sentido de que México tenía una balanza comercial petrolizada, que descansaba en la monoexportación y monoproducción.
Sin embargo, en la actualidad tenemos un gran salto cualitativo y cuantitativo en la balanza comercial que derivó de acelerar la producción manufacturera. De esta forma, a través de información recabada en la Secretaría de Hacienda, INEGI, Banco de México y Banco Mundial, sabemos  que en promedio en la década de los ochenta las exportaciones petroleras del país fueron por 10 mil 441 millones de dólares; para 1990 fueron en promedio por 10 mil 104 millones de dólares; y para el 2000, una media de 16 mil 383 millones de dólares.
En cuanto a la evolución de las exportaciones de bienes manufactureros, éstas pasaron de un promedio en los ochenta de tres mil 802 millones de dólares; a una media en la década de los noventa por 27 mil 828 millones de dólares y en el 2000 ascendieron a 145 mil 334 millones de dólares. Es evidente la despetrolización de la balanza comercial, el cambio estructural del país. Resta entonces el gran reto de despetrolizar las finanzas públicas.
A COLACIÓN
 La justificación del Gobierno Federal para flexibilizar la Constitución Mexicana en el terreno de la sensible línea de la soberanía y rectoría en materia energética parte del análisis del agotamiento de la planta productiva de Pemex, el monopolio estatal víctima de la corrupción, la mala administración interna, las políticas fiscales del gobierno y las políticas públicas.
 Durante varios años se ha ventilado que Pemex, su  situación, no aguanta más,  que no hay forma de llegar al 2010 con suficiencia productiva, con capacidad de abasto nacional, con producción para el mercado de exportación. La tragedia es por la falta de dinero de la paraestatal, por el escaso gasto de inversión, el déficit de infraestructura y el endeudamiento que arrastra la empresa.
 Es paradójico que México sea un país dentro de los diez más importantes en materia de exportación de petróleo, y que tenga una empresa petrolera detenida con alfileres.  
 El problema consiste en que el Gobierno Federal sostiene una dependencia hacia  las aportaciones de Pemex al fisco.
 De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, en el primer semestre de 2005, las aportaciones de PEMEX al fisco ascendieron a 334 mil 501.7 millones de pesos. Lo ponemos en dólares a un tipo de cambio de 10.90 pesos por dólar y estamos hablando de una contribución por 30 mil 688.22 millones de dólares.
 Así es que, de enero a junio de 2005, la generosa contribución de la paraestatal significó el 35.1% del total de los ingresos presupuestarios obtenidos por el sector público.
 A estas cifras hay que añadirle que a Pemex el régimen fiscal le obliga a prescindir de 61% de sus ingresos por ventas. En consecuencia, durante la administración del presidente Vicente Fox, la  empresa petrolera ha aportado más de  142 mil millones de dólares al Gobierno Federal, según información revelada por el  Banco de México.
 El resultado de esta malsana relación entre Pemex y el Gobierno Federal es que la paraestatal ha recurrido a la contratación de deuda con empresas privadas para ampliar sus obras, mediante el mecanismo conocido como Proyectos con Impacto Diferido en el Registro del Gasto (Pidiregas).
 El Anuario Estadístico 2005 refiere que a través de este mecanismo de deuda, la empresa ha utilizado 36 mil 610 millones de dólares en inversiones de infraestructura, concentrados principalmente en exploración y extracción de crudo. Por ende, los pasivos subieron 121% durante la actual administración.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Es cierto que Pemex tiene una situación muy endeble, y angustia porque estamos hablando de la piedra angular de nuestra economía, de todo. Simplemente imagine a México sin un día de petróleo y de todos sus derivados. Parece una película de ciencia ficción de Stanley Kubrick que debemos evitar llegue a la realidad.
 Con todo y el retraso que la paraestatal arrastra en muchas áreas, creo que después de dos años de discusión por fin el Senado logró ponerse de acuerdo para modificar el régimen fiscal de Pemex y esto abre el panorama de la empresa a una oportunidad de mejorar.
 Es importante este primer paso para despetrolizar las finanzas públicas y para frenar el pretexto de la descapitalización como puerta para la  privatización.
 De entrada se añade un mejor escenario para Pemex con recursos adicionales  por 24 mil 700 millones de pesos, derivados del cambio de régimen y que deberán aplicarse para 2006.
 ¿Lo es todo? No, pero es un indicio fundamental para asegurar nuestro futuro energético. La paraestatal tiene que hacer negocio en otros países y trabajar en contratos de exploración como lo llevan a cabo otras empresas energéticas, unas en manos del Estado como Petrobras en Brasil.
 Después del primer escalón, podemos avanzar a un diálogo para una reforma energética en la que se establezca una línea recta de acción en el largo plazo a favor de acumular petróleo, hacer reservas y resarcir los hoyos que tenemos en materia de producción de gas natural y gasolinas. Bien por el Senado.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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