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Espectáculos - November 8, 2005

Vicente Fernández cantó como en su casa

El ‘Charro de Huentitán’ cantó más de
tres horas e interpretó casi 50 canciones
Foto: Internet 

Los Angeles, California, EU.- 8 de noviembre del 2005.- (La Opinión).- Convertido ahora en el Señorón de las Canas, a sus 65 años de edad y con más de 30 de triunfador artista disquero, el famoso cantor jalisciense Vicente Fernández ofreció, exitosamente, cerca de medio centenar de canciones a seis mil espectacores que llenaron a reventar el Anfiteatro Gibson de Los Ángeles, el pasado viernes.

En esa forma inició el ciclo de seis conciertos suyos en ese prestigioso lugar, en el que se tienen garantizados llenos para las demás fechas programadas y que culminarán el próximo domingo.

Tras breve apertura a cargo de la joven exponente del canto vernáculo, Azucena, y la presentación de un video en que se muestra a Chente con su esposa, hijos y nietos, en su aspecto de vida familiar en el ambiente de charrería de su hacienda Los Tres Potrillos, en Guadalajara, hizo Chente su aparición en el amplio e imponente escenario del Gibson.

El Mariachi Azteca proveyó el marco musical para la presentación de Fernández, quien fue recibido y aclamado por la gente de pie.

Y “de ahí pa’l real” —como dicen los rancheros—dio comienzo la triunfal actuación del charro cantor de Huentitán, Jalisco, quien en alarde de sinceridad ante la gente, mostró su real personalidad física en 2005, con su ya algo canoso más no muy abundante cabello, que tal vez hubiese provocado al finado compositor Federico Méndez, autor de la canción Ese señor de las canas, a derivar hacia Chente el calificativo de “Señorón —porque lo es— de las Canas”.

Fernández, quien se engrandece ante la gente que aquí tanto le admira, le quiere y le sigue, se manifestó una vez más, como quien está en su propia casa y agradeció que, en el Sur de California se le siga apoyando entusiastamente después de tres décadas de escucharlo, verlo y aplaudirlo, amén de comprar sus discos que tanto se venden y se difunden.

Se reconfirmó, con su notable éxito el viernes, su calidad de ídolo de multitudes en el público de esta región, no solamente por el gran número de ovaciones que recibió, sino también por los coros de cientos de voces que se unificaban complementando a la suya, en segmentos de las canciones más populares de su repertorio.

Es él uno de los intérpretes que tienen más amplio conocimiento del acervo musical mexicano, parte por sus años de vocalista desconocido —en que tenía que corretear a los automóviles en busca de clientela para serenatas y fiestas particulares— como también por las docenas de álbumes fonográficos que integran su discografía.

No es por ello de extrañar que pueda hilvanar, como lo hace, tantas canciones en su show, recordando música y letra de cada una, pero sobre todo, dándoles su correspondiente interpretación en el tan conocido estilo que él mismo ha establecido.

No podían faltar composiciones de José Alfredo Jiménez como El rey, Ella, Si nos dejan y Cuando los años pasen, ni de Martín Urrieta, uno de sus autores musicales favoritos, como son: Mujeres divinas, Urge, Bohemio de afición, Qué de raro tiene y Aquí entre nos. Ni, por supuesto, Volver, volver del vilmente asesinado músico y compositor Fernando Z. Maldonado.

Asimismo, ofreció sus interpretaciones de El andariego y Sabor a mí del muy recordado oaxaqueño Alvaro Carrillo, La ley del Monte de José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”, México lindo y Sacrificio, de Chucho Monge o De qué manera te olvido y Por tu maldito amor del compositor suicida Federico Méndez. De Juan Gabriel recordó el tema de una telenovela denominado No me olvides nunca, de la gran compositora jalisciense Consuelo Velázquez, su immortal bolero Bésame mucho y de Juan Zaizar, Cruz de olvido.

En un momento emotivo, al solicitar un aplauso para su esposa María del Refugio Abarca, con quien conmemora 42 años de matrimonio, la calificó de “mártir” en reconocimiento a que “para aguantarme a mí, se necesita ser una mártir”. Le elogió ser una gran madre para “lo que más quiero, que son mis hijos”. Al mencionar al menor de ellos, Alejandro, los aplausos y gritos femeninos, indicaron abiertamente la admiración que sienten por él.

La canción que Chente le cantaba en las serenatas previas al matrimonio a su esposa, fue parte integrante de la variedad musical. Es la intitulada Amor de los dos, que canta usualmente a dúo con Alejandro, quien no estaba presente la noche del pasado viernes.

En homenaje a dos de sus grandes ídolos, según el mismo Vicente señaló, procedió a interpretar de José Alfredo Jiménez y del repertorio de Javier Solís, dos temas musicales identificados con cada cual de ellos. De un álbum titulado 30 Éxitos, seleccionó dos composiciones internacionales: A mi manera de Paul Anka (popularizada mundialmente por Frank Sinatra) y El amor de mi vida de Camilo Sesto.

Saliéndose del rígido horario que el Anfiteatro Gibson impone, Vicente Fernández volvió a sobrepasarse notablemente y se mantuvo en el escenario más de tres horas.

El llamativo gesto a favor de su público le valió una de las más multitudinarias ovaciones de la concurrencia, que hubiera querido proseguir durante toda la noche, escuchando y presenciando la actuación de una de las figuras más exitosas del canto popular de México.

Antes de dar fin al concierto, había entonado también Nos estorbó la ropa de Teodoro Bello, Juan Charrasqueado de Víctor Cordero, Me voy a quitar de enmedio de Manuel Monterrosas, Tu camino y el mío de Antonio Valdés Herrera y Lástima que seas ajena de Jorge Massías, entre muchas otras.

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