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Espectáculos - October 26, 2005

Guillermo Velázquez, un coloso de la música tradicional mexicana

‘Soy poeta y soy mexicano’, ‘Soy carnal de la
 Huasteca’, ‘Juglar sin amos ni dueños’, son
versos que el trovador de Xichú empleó en
diferentes momentos para referirse a él, a su arte
 Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad Valles, San Luis Potosí. 22 de octubre de 2005. Esta noche, la Plaza de Ciudad Valles se estremeció con un concierto memorable de cierre del IV Encuentro de Decimistas y Versadores de Latinoamérica y el Caribe, en el cual participaron Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú y los artistas nacionales y extranjeros invitados, así como el pueblo vallense.

Al filo de las 20 horas dio inicio el concierto con la Orquesta Criolla Nacional “Mapeyé” de Puerto Rico, que con su ritmo y entusiasmo prendió la mecha de la alegría mediante temas como “Soy jibarito”, “Lamento borincano”, entre otros.

Una hora después, subieron al escenario Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú, que venían acompañados de don Benito, un viejo que, apoyado en un bordón y vestido a la usanza tradicional, haría temblar la tarima con su baile y su pasión por la música de los sones arribeños al lado de Chabelita, la compañera del fundador de Los Leones de la Sierra de Xichú.

Después de su participación en el 33 Festival Internacional Cervantino, Velázquez expresó su gusto por estar en Ciudad Valles y arrancó con “Tierra donde nací”, para aumentar el entusiasmo del público asistente, que lo reconoce y admira profundamente por su incansable labor como promotor de la música tradicional mexicana.

Autodefinido como un “poeta trovador contemporáneo”, Velázquez manifestó su satisfacción por participar en este Cuarto Encuentro —en el que también ofreció una charla esta tarde—, “aquí está lo que verdaderamente importa celebrar de México. Quiero recordar con el son huasteco ‘El huerfanito’ a nuestros hermanos que están sufriendo en Veracruz, Oaxaca, Quintana Roo, Yucatán y Chiapas por las inclemencias de la naturaleza”.

Cierra los ojos, concentrado, toca su guitarra y su voz potente se esparce y revela los versos que brotan de su inspirado y solidario corazón: “…A los que no han comido o no han dormido, darles nuestro pensamiento, es no darles el olvido”. “Quiero que llegue hasta Chiapas un gran aplauso amoroso”, pide al terminar su canción.

El reconocido versador nacido en el Distrito Federal y guanajuatense hasta las cachas —o mejor aún, arribeño— aprovecha la ocasión para criticar los obscenos presupuestos dedicados a las campañas electorales y presentar su siguiente tema: “De mi caballo les cuento”, una emotiva diatriba contra el enajenante deseo de poseer cosas nuevas y hacer a un lado las esenciales, las realmente valiosas.

Después realiza una inteligente crítica acerca de los cambios de conducta que provoca en las mujeres el dinero que reciben de sus maridos que se fueron a Estados Unidos a trabajar, para en seguida hacer otra del sexenio que agoniza a través de las cartas de la lotería mexicana, “donde se cifra todo, el pasado y el futuro, y es, literalmente, el tarot de los pobres” y terminar con la música del corrido de “El hijo desobediente” y versos suyos.

De repente, entra un rapero y se inicia un verdadero diálogo entre el huapango arribeño y esta música juvenil, explosiva y también poderosa para la crítica social, “vivan el rap y el huapango de la diversidad”, dice Vincent, el rapero que es hijo de Guillermo Velázquez y tiene todo el talento y empuje de su señor padre.

Al finalizar su presentación, don Guille, como le dicen sus compañeros leones, nos comentó que con su música busca “remover raíces. Como mexicanos nos falta hermanarnos. El eje de Los Leones de la Sierra de Xichú está aquí, no en las giras que realizamos, donde propagamos la música genuinamente mexicana, no sólo la ranchera. La música tradicional sobrevivirá mientras se nutra de abajo, que es de donde surgió. Y eso hacemos nosotros, en constante trashumancia, a pie, carro o autobús, donde haya fiesta o quebranto, allí estarán Los Leones de la Sierra de Xichú”.

Y es que no sólo es necesario escuchar sus más de veinte producciones discográficas para poder apreciar el genio de este singular músico mexicano, sino que es imprescindible escucharlo en vivo, para corroborar el poder de su música y de su palabra, para participar de la comunión que consigue con el público y con el espíritu invisible que nos identifica como mexicanos, del que, sin duda, es su principal taumaturgo.

“Soy poeta y soy mexicano”, “soy carnal de la Huasteca”, “Juglar sin amos ni dueños”, son versos que el trovador de Xichú empleó en diferentes momentos para referirse a él, a su arte. Y es cierto, es todo eso y más aún: es un verdadero coloso de la música tradicional mexicana. Una especie de gigante en vías de extinción, porque, para nuestra suerte, trovadores hay muchos, pero los gigantes no abundan, y Guillermo Velázquez es uno de éstos.

Finalmente, subieron al escenario Martha Suint y José Curbelo, de Argentina y Uruguay, Maria Alice Amorim y Pedro Américo, de Brasil, Fidel Améstica del Camino, de Chile, Mauro Chechi y Paolo Eduardo Fornaciari, de Italia, Liz Alvarado, José Augusto Broce y Artemio Vargas “Bebito”, de Panamá, Philip Pasmanick, de Estados Unidos, Waldo Leya y Luis Paz, de Cuba, Víctor Hugo Márquez, de Venezuela, José Regato, de Ecuador, Tony Rivera y toda “Mapeyé”, Alfonso Sanabria, de Puerto Rico, y aquello fue una auténtica verbena, una verdadera fiesta de versos amables para la ciudad, para su gente, para el encuentro y para México. Una fiesta donde la fraternidad fue la divisa de todos, donde la palabra, la música y la alegría le dieron alas al público para bailar y disfrutar de una noche inolvidable.

Para concluir, Rodolfo Acevedo, funcionario de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí y organizador del Encuentro, y Jorge Terán Juárez, presidente municipal de Ciudad Valles, agradecieron a los participantes y a los asistentes por su presencia y disposición para hacer de este un gran Encuentro en esta ciudad, “la Puerta grande de la Huasteca potosina”, que ya los espera con los brazos abiertos para 2007.

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