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Por la Espiral - October 11, 2005

Excedentes petroleros, malgastados

Lo que sea de cada quien, Guillermo Ortiz Martínez, ha tenido una notable evolución en su quehacer pragmático en funciones áridas pero total y absolutamente torales y significativas para el destino de la macroeconomía de México.
En su listado curricular sobresalen los cargos de titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en el sexenio de Ernesto Zedillo y de gobernador del Banco de México, resultado de  las reformas al instituto central, la concesión de la autonomía y la creación de la Junta de Gobierno; hechos acontecidos en el sexenio zedillista.
 Tras la ratificación del presidente Vicente Fox y la aprobación del Senado el 10 de diciembre de 2003, Ortiz Martínez sigue siendo gobernador del Banco de México y continuará encabezando la política monetaria del país hasta el año 2009; le tocará la mitad de la administración que encabece el candidato que resulte electo para presidente en julio de 2006.
 De tal manera, que el presidente electo sea priísta, perredista,  panista o de otro partido, no habrá viraje alguno, ni contaminación externa a la política monetaria, al menos hasta que Ortiz Martínez cumpla el periodo y el presidente en turno proponga nombres.
 En cuanto a la evolución de este economista que surgió en Banco de México y que luego ejerció en la administración pública central bajo la  influencia de la tecnocracia, observamos un considerable desempeño en su cargo de gobernador en comparación con el realizado al frente de la Secretaría de Hacienda. Quizá deriva de que un área es totalmente distinta de la otra, no es lo mismo la política monetaria, que la política fiscal, y aunque ambas se complementan, cada una tiene retos muy particulares.
 En especial tengo la impresión que desde  hace tiempo la Secretaría de Hacienda se convirtió en una silla demasiado grande para varios titulares y sus equipos que parecen más bien peleados con la política fiscal, que operan rebasados por los problemas e incapaces de instrumentar políticas públicas eficaces.
 Cada año, la elaboración del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación se convierte en un verdadero dolor de cabeza para el secretario de Hacienda y para los funcionarios encargados de darle cuerpo al gasto anticipado del Gobierno Federal.
Y cada año, es la Secretaría de Hacienda la que se enfrasca en las más duras batallas contra diputados y senadores porque no hay entendimiento entre el lenguaje teórico, elevado y tecnócrata  y las demandas por resultados efectivos.
¿No será que la Secretaría de Hacienda está pagando por los platos rotos superada por una aglomeración y concentración de funciones,  una consecuencia directa de la desaparición de la Secretaría de Programación y Presupuesto en 1992 en el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari?
Le añado, como dato para la memoria, que el último secretario de Programación y Presupuesto fue Ernesto Zedillo. Luego de la absorción de Hacienda, Zedillo fue nombrado titular de la Secretaría de Educación Pública, puesto del que renunció para incorporarse  como coordinador de la campaña política de Luis Donaldo Colosio.
SERPIENTES Y ESCALERAS
Por favor, que no nos pase que en diez años digamos: “Teníamos petróleo, algunas vez tuvimos ingresos extraordinarios y los dejamos ir, directito al caño”.
México es un país con enormes desigualdades, brechas, polos de desarrollo, iniquidades. Al mismo tiempo convive el primer mundo con lugares equiparables a diversos países de África. Sin embargo, ante la amplia gama de carencias tenemos un enorme desperdicio de recursos monetarios, públicos, privados, familiares y personales. Es un círculo perverso.
 Hay que prestar atención. El punto de la mala administración de los excedentes petroleros forma parte del reproche más reciente que realizó el gobernador Ortiz Martínez, en los micrófonos nacionales e internacionales, contra la administración del presidente Fox y en particular a la conducción de Francisco Gil Díaz, titular de Hacienda.
 Para contextualizar no es ningún comentario nuevo: desde 2004 Ortiz Martínez propuso en la “Convención nacional de los contadores públicos de México” que los excedentes por las ventas del petróleo fueran destinados a proyectos de inversión; otra parte para los estados y una última porción para un fondo de reservas.
 A finales de septiembre pasado el gobernador Ortiz Martínez repitió lo mismo en Washington y luego lo refrendó en su comparecencia ante senadores y diputados  cuestionando: “¿Dónde está el dinero del petróleo?”.
Buena pregunta, ¿dónde están los más de 30 mil millones de dólares adicionales que ha recibido la economía mexicana por encima de lo presupuestado para 2005?
 Es tal la incógnita por saber qué ha hecho el Gobierno Federal con tanto dinero extra que la Auditoría Superior de la Federación husmea la pista de los miles de millones de dólares.
 ¿Qué dicen en Hacienda? Con la parsimonia que caracteriza a Gil Díaz la respuesta más precisa  es que la repartición es de una “fracción por aquí”, “otra fracción por allá”. No hay cifras claras y precisas.
En la bruma de la incógnita, prevalece la  posición absurda de desmentir que la administración foxista mal usa a manos llenas el dinero del petróleo en gasto corriente, lo más inútil y menos provechoso para todos.
 Hasta eso que Fox, como dirían los gitanos, tiene buena estrella porque el entorno internacional es favorable, porque el mercado petrolero tiene un auge especulativo, y tenemos condiciones muy distintas a las del sexenio de Zedillo donde la crisis rusa afectó a las economías emergentes, prevaleció el financiamiento caro a nivel mundial, la escasez de capitales, y el precio del petróleo se nos cayó varias veces llevándonos directamente a sendos recortes en el Presupuesto.
 Hoy tenemos la otra cara de la moneda, ¿cuánto nos durará la bonanza petrolera? Dejando la cábala, no vislumbramos  ningún buen augurio si  queremos apostarle al largo plazo dependiendo de un insumo, máxime si ese insumo es el petróleo, recurso no renovable que impulsa invasiones y reacomodos geopolíticos y geoeconómicos.
 ¿Preocupación? Bastante, porque los  excedentes monetarios, ni los estamos invirtiendo, ni cristalizando en revertir el déficit de infraestructura que arrastramos.  Además no tenemos reservas petroleras suficientes y muchos países del mundo, exportadores o importadores, poseedores o no, están reservándose, acumulando. Y México situado en el cuerno imaginario de la abundancia.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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