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Por la Espiral - October 5, 2005

Inacción económica: el tiempo no perdona

A propósito del hecho de que empeoramos en los niveles de competitividad, Michael Porter, reconocido investigador, analista y escritor de fama mundial, asevera que a la  competitividad se le puede definir como “a la capacidad para sostener e incrementar la participación en los mercados internacionales, con una elevación paralela del nivel de vida de la población. El único camino sólido para lograr esto se basa en el aumento de la productividad”.
 En el estudio de la competitividad que edita anualmente el Foro Económico Mundial y que ha motivado toda clase de críticas y reclamos al interior de México por la acuciosa caída en este tenor, se constata que Finlandia junto con otros países nórdicos, brillan en el renglón de la competitividad como sucede a la par con otros estudios relacionados con el bienestar, la corrupción, la gobernabilidad y el desarrollo humano.
Desde los ochentas, México y sus reformas estructurales para cambiar el modelo de una economía cerrada por otro favorable al mercado, siguió el  ejemplo  de los tigres asiáticos. En la actualidad bien haríamos en estudiar  e imitar a las sociedades nórdicas que se han convertido en prototipo de crecimiento y desarrollo económico conservando ideales interesantes en el concepto del Estado Benefactor.
Desde luego que el análisis de las políticas públicas y de las reformas implementadas en Finlandia, Noruega o Suecia, deben valorarse dentro del esquema que corresponde a las realidades propias de cada uno de estos países que comparados con México guardan grandes distancias demográficas y  de composición poblacional por grupos de edad. Mientras que en los países nórdicos las políticas públicas fomentan y subvencionan la natalidad y tienen el reto mayúsculo de atender a una población cada vez con mayor proporción de personas de la tercera edad, en México la preocupación es por el control de la natalidad y por resolver el problema de las pensiones del sector público.
 Poniendo en paréntesis esta distancia natural,  la experiencia de los países nórdicos revela en la última década  una aplicación correcta de una serie de reformas que les han permitido arribar al siglo XXI con sociedades más modernas, participativas, educadas y comprometidas.
 Cuando investigué al respecto de Finlandia, precisamente la economía más competitiva del mundo por tercer año consecutivo en el ranking elaborado por el Foro Económico Mundial, me encontré con un país caracterizado por severas transformaciones, como respuesta inmediata a una crisis recesiva suscitada a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa.
 La Dirección General de Estudios del Parlamento Europeo tiene un documento elaborado por  William Heath y Pernille Winther titulado “La política social en Finlandia” y que sirve para dar testimonio a los cambios radicales de una economía que entre otros males enfrentó una caída en las exportaciones por  problemas en la competitividad.
 Así es, este país que hoy lidera la competitividad mundial debió enfrentar  un grave retroceso en la competitividad internacional de la industria finlandesa entre  1987 y 1990.
 Asimismo, Finlandia al igual que otros países del orbe más o menos desarrollados, enfrentó una crisis en el sector financiero, particularmente en la banca, producto de la rápida liberalización de los mercados financieros y de un apalancamiento desordenado a empresas y personas.
La crisis financiera y bancaria de los noventa tuvo características de pandemia. El Banco de México condensa diversos análisis de las quiebras  financieras que enfrentaron veintidós países en la década de los noventa, entre los que figuran Finlandia y México.
A COLACIÓN
 A principio de los noventa,  Finlandia había perdido una buena parte de su competitividad en materia de precios, tenía un déficit muy fuerte en la  balanza de pagos y presiones inflacionarias.  La combinación de estos factores fue fatal para la macroeconomía y el empleo.  Por consiguiente, el marco finlandés experimentó una devaluación del 12.3 por ciento.
 Los mexicanos conocemos perfectamente este escenario. Entonces,  ¿qué hace la diferencia entre México y Finlandia? La capacidad de respuesta entre sus actores políticos, sus agentes económicos, la fortaleza de las instituciones, su transparencia y que, básicamente la población en Finlandia debió aceptar una política fiscal más dura mediante una elevación en las tasas impositivas pero con el compromiso de que el Gobierno haría más eficiente la recaudación y la política fiscal, de tal forma que el aumento en las contribuciones también implicaría acceder a un Estado con un mayor compromiso social.
 La diferencia es que en México el costo lo absorbimos mediante rescates multimillonarios a los bancos, beneficiando de nueva cuenta a una misma elite corrupta y poderosa que gana en cada crisis; en  la caída de la Bolsa Mexicana de Valores en 1987; incluso de las crisis políticas, porque su dinero lo protegen muy bien en dólares.  En conclusión en las crisis perdemos los que carecemos de información privilegiada. Lo hace el vulgo, la mayoría popular. No todos pierden.
 La crisis bancaria en Finlandia generó un  impacto del 8.8% del PIB y en México el costo fue del 14.4% del PIB según información de la Secretaría de Hacienda. En Finlandia el proceso post crisis financiera fue muy similar al de México con regulaciones prudenciales, saneamiento de instituciones, fusiones, redimensionamiento de las autoridades; etc.
Lo interesante es que en Finlandia diluyeron el costo de la quiebra bancaria y financiera en menos de diez años. En México, llevamos diez y nos faltan veinte años.
GALIMATÍAS
 Para revertir el escenario de crisis de los noventa, la toma rápida de decisiones en Finlandia incluyó las siguientes medidas:
 1) Estructuración de una política fiscal  como eje rector de los cambios económicos que involucró a toda la sociedad.
 2) Reducción de los costos laborales indirectos dirigidos especialmente al extremo inferior del mercado laboral.
 3) Mantenimiento de un bajo nivel de inflación y  control de los costos laborales.
 4) Reducción del cociente deuda pública entre PIB.
5) Fomento del espíritu empresarial y de las iniciativas locales. Medidas destinadas a mejorar la vida laboral, al aumento de la productividad mediante el  reparto del trabajo, planes especiales para los desempleados de larga duración y programas de colocación de jóvenes egresados.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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