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Por la Espiral - September 29, 2005

Casi 130 millones de mexicanos en 2030

El mundo vive un acelerado proceso de urbanización cuya tendencia, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), implicará que  más de la mitad de la población mundial esté concentrada  en las grandes ciudades y áreas urbanas al cierre de 2005.
En América Latina, la distribución de la población guarda las siguientes características: un 75% vive en las ciudades y un 25% en el campo. México sigue las mismas proporciones.
En definitiva, las ciudades y las áreas urbanas, continuarán experimentando grandes retos demográficos en tiempo y espacio, y en la relación densidad poblacional por metro cuadrado. El Gobierno Federal  deberá contar con una estrategia de planificación para anticiparse a los movimientos poblacionales y proveer los servicios básicos de agua potable, drenaje, luz; etc.
De acuerdo con el documento “Reporte 2001” elaborado por la ONU, “el inventario mundial de vivienda urbana oscila entre 700 y 720 millones de unidades de todo tipo”. En el caso de México, en el Censo General de Población y Vivienda,  la cifra era del orden de poco más de 13 millones 911 mil viviendas urbanas, casi el 2% del inventario habitacional urbano del mundo.
En el Censo de 1995 se contaron a 91 millones de mexicanos aglutinados en 20 millones de hogares. Para el Censo de 2000 la población creció a 95 millones de personas en 22 millones 260 mil hogares. De esta cifra, 14.1 millones de hogares eran urbanos.
Al respecto, la Comisión Nacional del Fomento a la Vivienda, indica que el intenso proceso de urbanización en el país se detecta en los estados de Baja California, Distrito Federal y Nuevo León, donde más del 91% de su población reside en localidades urbanas. En contraste, Chiapas, Hidalgo y Oaxaca presentan un predominio de asentamientos rurales.
La mitad de las entidades del país registran en sus respectivos inventarios habitacionales un promedio de ocupantes por vivienda muy superior al promedio nacional de 4.4; especialmente, entidades como Chiapas, Guanajuato, Puebla y Tlaxcala con un promedio superior a 4.7 personas por vivienda.
A COLACIÓN
Mientras que las viviendas ubicadas en localidades rurales dispersas tienen problemas de acceso y de suministro de servicios como agua y electricidad, la marcada concentración urbana conlleva problemas de disponibilidad de suelo con aptitud habitacional para la construcción de vivienda. Este hecho genera presiones para la oferta de vivienda accesible a grupos de menores ingresos, especialmente en las grandes zonas urbanas, al encarecerse el terreno y al promover mayores densidades en las unidades habitacionales.
La propia Comisión Nacional de Fomento a la Vivienda reconoce que la población de las urbes con más de 100 mil habitantes requerirá dos viviendas nuevas por cada vivienda necesaria en los poblados con menos de dos mil 500 habitantes.
En relación a los servicios, en 1990, el 19.8% de las viviendas carecían de agua potable; el 34.6% no tenía acceso al drenaje; y el 12.5% estaba sin electricidad.
Los bajos presupuestos del Gobierno, la corrupción y la  mala administración, han contribuido a que el proceso de distribución de los suministros de servicios necesarios para la población sea lento, ineficaz y torpe a la vez.
Estas carencias representan un problema que exige una pronta solución, una atención mayúscula,  dado que el fenómeno de migrar a las urbes seguirá creciendo. La tensión no es exclusiva de la ciudad de México, es similar para otras capitales del país, que año con año, administración tras administración, prevalecen huérfanas de acciones pertinentes en infraestructura para proveer servicios, darles mantenimiento y modernizarlos.
La expectativa de la Sedesol es que para el año 2010 habrá 30 millones de hogares; y para el 2030, habrá 128.9 millones de mexicanos en 45 millones de hogares a nivel nacional.
La dependencia que encabeza Josefina Vázquez Mota refiere que en dos décadas prevalece el rezago de vivienda: en 1980, fue poco más de 4 millones 678 mil unidades; en 1990, disminuyó a 4 millones 667 mil y en el 2000 se calculó en 4 millones 291 mil.
Sedesol puntualiza que el rezago habitacional mezcla tanto el déficit de vivienda nueva como los requerimientos de mejoramiento habitacional, derivados de tres aspectos: 1) La que necesita sustituirse. 2) La que requiere ampliarse. 3) La que necesita repararse para cumplir su función básica social de integración y protección familiar.
En el año 2000, al menos 756 mil hogares en todo el país tenían niveles de hacinamiento. Adicionalmente, el INEGI censó a un millón 55 mil casas a las que calificó de “necesarias de ser sustituidas” tras considerar que la vida útil de éstas había llegado a su fin.
La debilidad básica del rezago habitacional se encuentra en los dos millones 042 mil viviendas que, en todo el país, requieren rehabilitación y o ampliación, y en las 438 mil casas que deben repararse para evitar que su deterioro las convierta en ruinas.
Así es que el rezago de 4 millones 291 mil viviendas se divide en un millón 811 mil unidades nuevas y 2 millones 480 mil que requieren rehabilitarse.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 A esta columna escriben diversos paisanos que trabajan en Estados Unidos, algunos lo hacen preocupados por observar el surgimiento de  riesgos que pueden contaminar el proceso político-electoral del año entrante.
 Es interesante constatar que la perspectiva de visión y análisis se profundiza cuando uno se convierte en observador externo de la problemática que nos aqueja a los que estamos dentro de ella.
 En este sentido, la mayoría de los correos coinciden en que la expulsión acelerada de hombres y mujeres de todas partes del país es producto del bajo nivel salarial.
 María López es michoacana, ella trabaja de mesera en Los Ángeles, California, en un restaurante de comida  mexicana. Ella cuenta que en ocho años viviendo en Estados Unidos ha logrado en términos materiales y de calidad de vida mucho más que en veinte años de trabajar de mesera en Morelia.
 Andrés Enríquez, es mexicano, vive en Washington y comenta que en Estados Unidos hay localidades donde la población es mayoritariamente mexicana y la minoría es el estadounidense natural.  Enríquez señala que si el Gobierno no quiere más expulsión de mano de obra entonces “tiene que crear  empleos y oportunidades. Nosotros no dejamos nuestro país por gusto, lo hacemos por necesidad”.
Agradezco sus comentarios a: claulunpalencia@yahoo.com

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