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Espectáculos - September 12, 2005

“El otro muro”, película sobre el infierno de palestinos e israelíes

El muro al que se hace referencia en la cinta

Por Carlos Coronel
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 10 de septiembre de 2005. Un muro levantado abruptamente para separar a israelíes y palestinos por cientos de kilómetros, aunque apenas la frontera entre ambos pueblos sea de unos 350 mil metros de longitud. Una franja divisoria que en ocasiones se estrecha hasta rozar poblado con poblado, y en otras corre zigzagueante por colinas áridas y autopistas semidesiertas, como una boa constrictor capaz de asfixiar a sus habitantes. “Lo normal en otros lados, es excepcional aquí”, dice una voz.

Del lado israelí, sobre el hormigón de ocho metros de alto, aparecen de vez en cuando murales coloridos de oasis fantásticos y caravanas comerciales. Del lado palestino, sobre el duro concreto, sólo se leen inscripciones en árabe e inglés (¡fuck you USA!), condenando la construcción que inició hace un lustro.

La cineasta Simone Bitton cruza de un lado a otro de esa herida para mostrar en su más reciente filme, “El otro muro” (Francia-Israel, 2004), que “una cosa es la distancia física y otra muy distinta la distancia psicológica”.

Hija de una familia tradicional judía, donde se hablaba francés, árabe y hebreo, su vida en Jerusalén la convirtió en una experta para moverse en ambos lados de esos límites absurdos que, como el hormigón del que está hecha la llamada “zona de separación”, resultan pesados e inamovibles.

“Quería hacer un filme que le diera al espectador tiempo de observar lo que cada vez es más difícil ver en la televisión”, explica la realizadora de más de 15 documentales cuyos hilos de investigación surgen de la compleja vida en el Medio Oriente. Su intención: grabar la realidad y penetrar simbólicamente en esa mole de concreto para hallar sus resquicios, las grietas ocultas en esa Tierra Santa que, como define uno de sus entrevistados, “cayó en manos del diablo hace mucho tiempo”.

Si el muro es un símbolo de bloqueo, de cerrazón, de corte, de cierre, de exclusión y separación, en consecuencia, también lo es de sufrimiento y miedo. Muchos de los palestinos que hablan en el largometraje comparan la situación que viven con un toque de queda o una guerra diaria: sus movimientos, así sean para sobrevivir, están restringidos por ese obstáculo físico. Los israelíes confiesan el miedo que sienten cuando se paran al lado de un autobús que espera la luz verde del semáforo, por temor a los atentados palestinos.

En el documental de Bitton el muro acaba imponiéndose al espectador como algo irracional y contundente. Y la impotencia de los que la viven y sufren diariamente entre los límites borrosos de Cisjordania e Israel se transmite a la perfección a los espectadores. Cine como denuncia, pero no ciega, porque la realizadora respeta lo que ve y oye, dejando hablar a los indicados: gente que vive a los lados del muro, que trabaja en la construcción todos los días o que tiene que cruzar por las estrechas puertas rigurosamente vigiladas.

Recientemente, otro cineasta abordó el conflicto árabe-israelí. En “Checkpoint” (Israel, 2003), Yoav Shamir centró su documental en los retenes militares impuestos por Israel en los cruces fronterizos. Shamir entrevistó sólo a palestinos que cruzan las garitas y a los propios soldados judíos, muchos de ellos jóvenes que cumplen su servicio militar de mala gana, en espera de que pronto acabe su periodo. En cambio, con “El otro muro”, las voces de árabes e israelíes comunes se escuchan entre el ruido de los bulldozers y la maquinaria pesada, pero nunca es posible ver sus rostros porque una sola imagen se superpone con fuerza a cualquiera de ellos, siempre la misma: el muro en construcción.

A veces sólo se escucha el silencio del área mientras se proyectan en la pantalla las “adecuaciones” que se han hecho alrededor de la obra: cercas de alambre electrificadas, torres de vigilancia, cámaras con sensores y visión nocturna, trincheras profundas, pistas de arena y una moderna vía por donde sólo transitarán las patrullas israelíes. Paradójicamente, por momentos hay escenas en que no se sabe de qué lado se filma, como si la cerca aprisionara a unos y otros, carceleros y prisioneros. ¿Quién vigila a quién así?

Una sola voz surge en medio de este conflicto humano para interpretar la postura oficial, pero los conceptos y gestos que vierte parecen inhumanos. Es la entrevista que concede el general israelí Amos Yaron, del alto mando militar y cercano al presidente Ariel Sharon. Lo que se exhibe es un hombre rudo en medio de una oficina aséptica, custodiado por dos banderas nacionales a su lado y explicando lo inexplicable: que el muro dará seguridad a los ciudadanos hebreos, que acabará con los atentados terroristas y que pondrá fin al robo e inseguridad que ocasionan los malos vecinos palestinos.

Yaron acaba resumiendo el verdadero símbolo de esa construcción diabólica: “Somos los amos de este lado y de aquel también”. No hay lugar para el diálogo, la negociación o la réplica. La verdad es tajante, como esa barrera compacta, y esconde la expulsión enmascarada de miles de palestinos de sus tierras por las fuerzas judías.

Como señala un colono judío, el amor que sienten por su tierra sus paisanos se ha vuelto enfermizo, loco, posesivo e irracional. Los habitantes que escaparon de los antiguos guetos nazis acaban, ¡oh Dios!, por vivir encerrados en su propia nación. “Amamos tanto esta tierra que la hemos asfixiado”. Otro vecino se muestra dispuesto a invitar a los líderes de la región para encontrar la paz que sabe no se conseguirá con una pared de concreto.

¿Qué hacer? ¿Hacia dónde voltear que no sea esa mole horrorosa de granito prensado? Una voz dice casi al final de ese largo recorrido: “Cuando ya no hay esperanza, la gente calla. Y lo peor es el silencio. Yo peleo contra él, por eso hablo”. Lo opuesto del muro: el puente, la comunicación, el entendimiento.

Sin duda, con “El otro muro”, Simone evita callar y lucha. La cámara para cercar conflictos es su modo de hacerlo. La película se proyecta el 21 y 22 de septiembre en la Cineteca Nacional.

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