Home Buenas Noticias Gloria Mestre, la única mexicana que fue parte del Original Ballet Ruso, será homenajeada
Buenas Noticias - August 21, 2005

Gloria Mestre, la única mexicana que fue parte del Original Ballet Ruso, será homenajeada

La tabasqueña Gloria Mestre,
 un portento de la danza

Ciudad de México.- 21 de agosto del 2005.- La mexicana Gloria Mestre, quien destacó como bailarina, coreógrafa y actriz, tanto en México, como en el extranjero y cuya obra aún es recordada, será homenajeada en el Segundo Festival Cultural Cárdenas 2005, que se realizará del 3 al 10 de septiembre, en la ciudad tabasqueña de Cárdenas junto con el poeta Marco Antonio Acosta.

En el festejo donde se le honrará, explicó Mestre en entrevista con Notimex, habrá mesas redondas, espectáculos culturales, ciclos de cine y la creación de la "Medalla al Mérito Cultural", que será entregada por vez primera a ella y a Acosta.

Según los críticos, por entre las venas de Mestre, única mexicana que realizó una gira con el Original Ballet Russo, aún corre la energía fortificadora que le dejaron los aplausos, las giras por el mundo y la compañía de grandes figuras de la cultura, que ahora le permiten seguir asombrada de la vida.

Se le considera como una indiscutible figura de la danza clásica y pionera de la danza contemporánea en México, creadora de coreografías nacionalistas como "La Malinche Desnuda" y "Salón México", además de ser una de las iniciadoras de la televisión mexicana y actriz de más de cien películas.

En una larga charla con Notimex, en su casa de Churubusco, la autodefinida "Sacerdotisa de la Danza", habló de su paso por el ballet clásico, la danza moderna (terrenos entre los que siempre se movió), la televisión y el cine, todas ellas, actividades que siempre le otorgaron el "gratificante e invaluable" aplauso del público, tanto de México, como de otros países.

Mestre explicó que cuando corrían los años anteriores a la II Guerra Mundial (1939-45), la pequeña Gloria o "nena", como le decían sus padres, ya participaba en los festivales del jardín de niños al que asistía, bailando o declamando cualquier estrofa o efemérides nacional.

No obstante que su padre, Manuel Mestre fue el primer gobernador maderista de Tabasco, la familia vivía inclemencias económicas que llevaron a la madre a emplearse, y la ausencia de su progenitora obligó que Gloria fuera inscrita en la Escuela Nacional de Danza, en 1941, cuando solo contaba con 12 años.

Para mí, señaló, "fue una bendición que me dio Dios, pues ahí encontré la enseñanza formal de la danza y pronto conseguí mi primer trabajo bailando en rondas infantiles pos 5 pesos". Sus actuaciones incluyeron papeles en "La Flauta Mágica" y "La novia vendida".

Cuando las escuelas de danza aún no eran tocadas por el pie varón, los directores del Instituto Nacional de Bellas Artes "subían a la escuela de danza y escogían niñas para participar en las óperas, ellos me escogieron", y ahí, la futura bailarina -recuerda-, observaría un rasgo que le marco durante toda su carrera.

"Me encantó ver la transformación del personaje en cantante, me di cuenta que el bailarín también es actor, pues siente al personaje, el dolor, la alegría, se ve tanto en el cuerpo como en la cara, se trata de un personaje mudo pero que expresa", dijo.

En ese momento Mestre supo que quería dedicar su vida a la danza y se decidió transformar esta actividad en México, fundando compañías, como el Ballet de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), que después se convertiría en el Ballet Chapultepec y que inauguraría la isleta del bosque -que lleva ese nombre- como escenario.

La intensa carrera de Mestre incluyó la creación de diversas coreografías de corte nacionalista, como "Cuahtémoc", que fueron montadas por diversos ballets y que empezaron en la consolidación de un estilo mexicano.

Esos años de gloria de la bailarina y de la danza en México, comenta encantada, "pudieron ser posibles gracias a la fama internacional que otorgaron los trabajos de músicos, como Carlos Chávez, Hernández Moncada o de los grandes muralistas como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y otros", y ella también contribuyó.

Cuando aún no se graduaba en la Escuela Nacional de Danza (eso pasaría en 1946), Mestre pasó a formar parte del Ballet de la Ciudad de México, al mismo tiempo que estudiaba en la Escuela Normal de Maestros, donde se graduó como profesora de primaria, labores que conjugó por varios años.

"Mis jornadas eran de todo el día, yo no tuve adolescencia, nunca fui con los compañeros al cine, a las fiestas, llegue a la edad adulta y no sabia bailar de pareja, en algún momento me arrepentí y lo sentí en algún momento, pero ya no, porque la adolescencia que no viví en ese tiempo, la viví después".

Su rostro aún conserva los signos de belleza y sus movimientos más simples, son como caras tiernas que alguna vez causaron revuelo en los escenarios, tanto en el ballet clásico, como en la danza moderna.

La bailarina Nellie Campobello, con quien Mestre se formó, comenta: "Me aconsejó que no trabajara en la danza moderna porque no iba poder dominar los dos estilos, yo pensé que mi cuerpo era el instrumento y que sí podía, así que con la moderna adquirí la libertad de expresión y desenvolvimiento del cuerpo y con la clásica, la belleza de la línea, la punta bajada y la rodilla estirada, por lo que fui un boom".

Perfeccionista, hiperactiva y con un fuerte espíritu del esfuerzo, Gloria Mestre considera ahora que "es necesario volver la vista atrás continuamente, para ver el camino recorrido y no menospreciar lo que ya se ha hecho, cada esfuerzo es un escalón para llegar a donde uno quiere llegar, es importante que uno disfrute su trabajo y el entregarse".

Las lecciones que ahora conserva en su mente, las puso en práctica cuando se convirtió en bailarina del Original Ballet Russo, el que después de una audición la llevó por Cuba (donde se caso con el bailarín José Silva), Brasil y Estados Unidos, acompañada de las máximas figuras de ese tiempo.

A su regreso a México, Gloria Mestre tuvo a su hija Linda, y le propuso a Juan Soler la creación del Ballet de la Danza, con él inauguró una nueva etapa de la danza mexicana, incluyendo estilos del ballet clásico, las danzas prehispánicas y las folclóricas.

Lo que quise hacer, dijo, fue "crear una danza realmente con identidad mexicana, que hasta el momento no existe, en las danzas mexicanas el hombre le da gracias a Dios por la vida, le ofrece su esfuerzo al bailar y su propia vida al mismo tiempo que su Dios le da mucha energía porque se trata de una retroalimentación, donde el cuerpo es el conducto".

Al entrar en contacto con la Asociacion Nacional de Actores, es llamada para asesorar a los actores Carmen Montejo y Víctor Manuel Mendoza en las escenas que tenían que realizar en una cinta, con ello, Mestre inició una larga carrera en el cine, que incluye la filmación de más de cien películas incluso bajo la dirección del español Luis Buñuel o actuando al lado de Germán Valdez "Tina tán".

Al poco tiempo, la propia bailarina estadounidense Catherine Dunhan, invitó a Mestre a participar en su despedida por el Viejo Continente, en esa aventura se convirtió en bailarina huésped pisando escenarios, como el teatro San Carlo Opera House, de Nápoles.

Ese viaje duraría casi diez años, en el que la vida de bailarina clásica la combinó con la de vedette del Casino de París, del Follies Bergére y como "atracción estelar", del Moulin Rouge de la capital francesa.

Aplausos, escenarios, compañías gratas, éxito, dinero, fama y un sinnúmero de gratificaciones dejaron en vida a la bailarina, pero no obstante lo anterior, también hubo dolores, como el alejamiento por mucho tiempo de su vida personal y ahora dice, "me siento muy honrada y orgullosa, la vida no me debe nada".

Para Mestre, a quien los homenajes le están llegando y en vísperas de publicar su propia biografía titulada "Senderos de Gloria", ahora lo más importante es "disfrutar cada momento de ella".

"Hágase lo que se haga, la vida es muy bella, hay sol y pájaros", aseveró, y se mantiene "asombrada" de verlos llegar diariamente al jardín de su casa, donde ahora vive con sus dos perros y la señora Reyna, quien le acompaña desde hace 30 años.

En estos momentos, dice entusiasmada, "me siento con mis raíces más profundas y con una altura que llega al cielo, como un árbol que quiere dar sombra para que se cobijen con mis ramas las personas que quieran ser aconsejadas y protegidas".

Y así, como en ese salto en el que parecía mantenerse en el aire por unos segundos y que el fotógrafo Héctor García captó con tanta maestría en una de su fotos más famosas, Gloria Mestre espera con resignación que "la vida le siga asombrando" y la gente (y las instituciones culturales) le ofrezcan su sincero aplauso. (Notimex)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *