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Buenas Noticias - May 10, 2005

Julián Carrillo, un músico mexicano de valor universal: Jimena Giménez Cacho

Jimena estudió en México y después
en la ‘Scola Cantorum’ de París

A David Fernández Hummel

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 4 de mayo de 2005. El sábado 30 de abril, en punto de las 19 horas, la violonchelista mexicana Jimena Giménez Cacho se presentó en la Casa de la Cultura “Arq. Francisco J. Cossío Lagarde”, donde rindió un tributo al compositor potosino Julián Carrillo, dentro de las actividades del V Festival de San Luis, efectuado en San Luis Potosí del 15 de abril al 1 de mayo. Días antes, la destacada artista concedió una entrevista exclusiva a Azteca 21, misma que complementamos ese sábado en la capital potosina. He aquí sus puntos de vista sobre la importancia de este singular músico, un adelantado en su época, un genuino valor mexicano olvidado en la nuestra.

“Me llena de pena saber que hay gente joven que no ha oído nombrar a Julián Carrillo, esto no puede ser, dado que escribió una página de la historia musical a nivel mundial en su momento, cuando solamente un checo y un ruso, Aloys Haba y Wichnegradsky, se ocupaban de eso, y ellos reconocieron el trabajo de Carrillo. Éste construyó instrumentos, 15 pianos que construyó esperando que un pianista se apasione y lo dé a conocer. Esos 15 pianos estuvieron expuestos en la Exposición Universal de Bruselas, Bélgica, en 1959. Y no sólo había pianos, sino todos los instrumentos para una orquesta.

“Además, hasta el momento no existe una biografía de Julián Carrillo. Carlos Chávez sentía animadversión por su obra —hay que recordar que el nacionalismo musical estaba en pleno apogeo—, ojalá que esta música quede libre de eso, yo pienso sólo en la música, fuera del chisme, esa es mi intención. Demasiado moderno para su tiempo, hoy no se toca mucho; en torno a Carrillo se creó un mito, de hecho Carlos Chávez no lo quiso y decía que no era violinista, ni compositor ni director, y eso no es así porque como violinista ganó un premio muy importante en Bélgica, tocando el concierto de Tchaikovski. Además, como compositor tiene 130 obras, 21 de ellas están grabadas en Francia, por intérpretes franceses, así que compositor también fue grande. Él quería revolucionar la música, por eso inventó un nuevo sistema musical; creo que su arrogancia le acarreó problemas con los músicos de la época. Sin embargo, hay que olvidarnos de pugnas y grillas del momento histórico que vivió, hay que olvidarnos de eso y darle el lugar
que se merece, así como a su música.

“A Carrillo se le han hecho homenajes y ahí muere la cosa, no se hacen homenajes que se vuelvan del uso diario, que las sonatas las toquen los chelistas. Es cierto, las partituras están en manuscritos, no editadas. En Francia supe de él, yo no conocía nada de su obra para chelo solo, me dio mucha pena saber que un extranjero supiera más de Carrillo que yo, que soy mexicana. Así, me dediqué a buscar y encontré; entré en contacto con su nieto Ángel, quien está a cargo del archivo, y ahí encontré seis sonatas para chelo solo. Yo pienso que tengo fácilmente para dos años más estudiando su obra.

“También hay que decir que Carrillo no tiene espacio en México y en Francia grabó 21 obras, con intérpretes franceses, con la orquesta de los conciertos La Moureaux, y con ellos grabó estas obras, en discos de 78 rpm, por eso es conocido en Francia, incluso fue invitado a La Sorbona a exponer su teoría musical.

“Hay que decir que la de Carrillo es una música muy difícil, donde he metido muchas horas de esfuerzo, así que llegar a entregar este trabajo te llena de emoción; sólo queda el dilema de ver qué dice la gente respecto de este repertorio. Te voy a contar que una ocasión me encontré a una mujer en el metro de París que hablaba español y me dijo que era de San Luis Potosí; entonces le conté lo de Julián Carrillo y me comentó medio en broma: ‘En San Luis prohibieron la música de Julián Carrillo porque los pájaros se mueren. Bueno, eso decía mi abuelita’. Cierto, la música de Carrillo es rara, como son los microtonos. Estas sonatas que voy a tocar están en cuartos de tono, es una música diferente, que nos mete en unos mundos emotivos muy fuertes, donde entra algo como miedo, tristeza, donde hay unos contrastes de fortísimos a pianísimos.

“No obstante, fue tremendo, Carrillo me atrapó porque es la oportunidad de dar algo a México, de algo que todavía no se había hecho, que es estudiar esta obra. Ya llevo un año y yo creo que me la voy a pasar estudiando dos años más la obra de Julián Carrillo. Sí, tengo la idea de sacar un disco sobre este gran compositor mexicano el próximo año, incluso estoy comprometida a estudiar tres años todo sobre Julián Carrillo, para poder dar un resultado y aportar a México un documento donde queden grabadas esas sonatas que no existen en el mundo.

“El oído de la gente ya tiene más capacidad para escuchar cosas nuevas, que le llegan al alma; la gente necesita sentir algo, yo lo he comprobado, sentimientos humanos normales, como tristeza, alegría, suspenso, angustia, eso es lo que a la gente le hace identificarse con la música. En Francia su música es muy aceptada, 200 personas de 250 solicitaron con antelación su entrada en Lille; lo di en una sala de París y 200 personas quedaron fuera, no es que me conozcan tanto a mí, conocen a Carrillo y tienen apertura a nuevas músicas, además de interés en México.

“Ahora estoy muy emocionada porque va a ser un estreno mundial, eso creo yo, porque la verdad a veces es difícil saber si se han tocado o no. Sí sé que tres sonatas, la 1, la 2 y la 3 están grabadas en Francia, pero la 4, 5 y 6 no se han tocado, y aquí en San Luis no se ha tocado ninguna. Entonces será un estreno tocarlas en San Luis, la primera sería un estreno aquí, porque esa ya la toqué en la ciudad de México. Las dos son importantes, pero para mí la sexta sería estreno mundial; en el programa voy a tocar la primera, luego una obra mía, que se llama ‘Vete hacia ti mismo’, basada en una obra de Rossana Filomarino, ‘Moradas’, yo compuse la música, 45 minutos en total, pero hice un extracto de 15 minutos, como obra de concierto; después tocaré la sexta, que es un mundo de un personaje de 89 años, con mucha carga emocional y musical. Claro, será un homenaje a Julián Carrillo. La sexta sonata empieza con tonos enteros, lo que es bastante raro y hay que destacar que Carrillo empleó bastante el material de unas
y de otras, no son sonatas distintas una de otra, pues cuatro las compuso en el año 59 y dos en el año 64.

“Después de este trance de Julián Carrillo voy a hacer un proyecto con música mía, tengo mucha ilusión de hacer un programa con música propia, ya empecé, ya tengo una obra y quiero completar hasta llegar a formar un programa. Sin duda, habrá algo de ego en este proyecto, pero es más una necesidad de decir yo algo con la música, con un instrumento que es mi vida, que es parte de mí. Todo empezó cuando me inicié en tocar música barroca, ahí había que improvisar un poco, abriéndose una brecha; luego me encontré con Carrillo, que me abre en este mundo de música más moderna, que también me abrió como una puerta a lo contemporáneo, al mundo de hoy.

“Esto me está llevando hacia una búsqueda de hacer mi música. De todas maneras, tocando me emociono mucho, porque sí me meto en un mundo, porque son tantas las horas que tiene que estar uno encerrando estudiando solo, que sí entra uno en un contacto directo con la música. Pero hay que reconocer que el público es el que va a determinar cómo va a ser el concierto. Hace poco ofrecí un concierto en La Paz y les encantó; más recientemente di otro en Toluca y la gente se emocionó muchísimo, yo terminé llorando y era algo que transmitía la gente, como que la emoción del público se siente al subir al escenario.

“Hay una especie de mito en torno a Julián Carrillo, con eso de que nadie lo ha tocado, ha sido como rechazado; en nuestro país como que no han querido tocar su música y en el extranjero lo han valorado mejor. En México no nos hemos dado cuenta, las autoridades no se quieren dar cuenta de que podríamos formar una orquesta del Sonido 13, los instrumentos por ahí andarán; eso sería buen punto para México: tener la Orquesta del Sonido 13, algo que no existe en el mundo. Claro, hace falta un director que se interese en ese proyecto alucinado, que sería único en el mundo.

“La microtonalidad, en breves palabras, es cuando de una tecla blanca a una negra hay medio tono, ese medio tono es la distancia más corta que se utiliza en la música occidental. Entonces Julián Carrillo empleó distancias más cortas, cuartos de tono, quintos de tono y sextos, hasta dieciseisavos de tono, construyó sus propios pianos y sus instrumentos. Por ejemplo, el piano de dieciseisavos de tono tiene 97 teclas, y esas 97 teclas son la distancia de una octava de un piano normal. Eso es con lo que trabajó Julián Carrillo, como te dije, en su momento sólo hubo tres en el mundo que trabajaron en microtonos. En México fue él quien tuvo el valor y el que logró que se fabricaran los instrumentos. No sé lo que pasó, pero él nunca recibió apoyo de nadie, excepto del entonces presidente Porfirio Díaz, quien le dio una beca, situación que le causó muchas enemistades.

“A lo mejor ha llegado el momento de Carrillo. En septiembre, Mauricio Náder y yo tocaremos en cuatro salas diferentes en el Distrito Federal, en forma cronológica, con chelo y piano solos, dos piezas clásicas, románticas, para los dos instrumentos, de lo clásico a la microtonalidad. Una manera de traer a nuestros días la obra de Carrillo, algo que dé luz, un camino nuevo, que se valgan de ese sistema de Carrillo, de lo tonal a la atonalidad, mezcla de composición fija e improvisación, traerlo a nuestros días, darle luz.

“También llevaré a cabo el estreno de las seis sonatas de Carrillo en el Auditorio ‘Julián Carrillo’, de Radio UNAM; es el estreno en México de las seis sonatas, las daremos a conocer el 11 de junio, 20 de agosto y 19 de noviembre. De alguna manera, servirá para recordar los 40 años de la muerte de Julián Carrillo y 130 de su nacimiento, ya que era un hombre admirable en muchos sentidos. Estamos hablando de un hombre de extracción indígena total, de familia pobre, humilde, que llegó a San Luis Potosí enviado por su madre a ser lazarillo de la mamá del director del coro de la ciudad; alguien que prácticamente de la nada llegó a grandes alturas, un hombre que poseía un cerebro privilegiado, con un enorme espíritu de lucha, así sus logros tienen doble mérito, cuyos hijos llegaron a ocupar importantes cargos en la universidad, en el gobierno…

“Mi vida es la música y mi trabajo lo hago con toda la entrega posible, por ello me entusiasma participar en este reconocimiento a uno de los más grandes músicos que ha dado México al mundo: Julián Carrillo”, concluyó Jimena Giménez Cacho, quien desde el momento mismo de comunicar sus ideas y proyectos logra transmitir en el escucha entusiasmo y pasión por su trabajo, cualidades de los artistas verdaderos.

Julián Carrillo

Nació el 28 de enero de 1875 en Ahualulco —desde 1933, Ahualulco del Sonido 13—, San Luis Potosí. Inició sus estudios musicales en la Academia de Flavio F. Carlos en su estado natal. De 1895 a 1898 estudió en el Conservatorio Nacional de Música bajo la dirección de Melesio Morales, Pedro Manzano y Francisco Ortega Fonseca en composición, violín y acústica, respectivamente. De 1899 a 1903 estudió en Alemania, gracias a una beca. En 1904 perfeccionó sus estudios de violín en Bélgica, con Albert Zimmer. Este mismo año obtuvo el Primer Premio en los concursos internacionales de violín en Gante, Bélgica. También en esos años fue primer violín de la Orquesta de Gewandhaus de Leipzig, dirigida por Arthur Nikish, y en 1900 miembro del Congreso Internacional de Música, realizado en París bajo la presidencia de Saint-Saens. A su regreso a México, desempeñó numerosos cargos, todos relacionados con la música. Fue profesor en el Conservatorio, fundador y director de orquestas y agrupaciones musicales en México y

el extranjero, investigador en la Universidad Nacional de México. Tuvo trato con los grandes compositores de su tiempo: Debussy, Puccini, Strauss, Paderewsky, Bartok, Hindemith, Milhaud, Stokowski… Reconocido ampliamente en el extranjero, Julián Carrillo murió en el Distrito Federal el 9 de septiembre de 1965.

Jimena Giménez Cacho

Nació en México en 1954. Desde niña se aficionó a la música. Al principio tocó instrumentos como piano, arpa jarocha, guitarra y flauta, para después decidirse definitivamente por el violonchelo. Estudió en México y después en la Scola Cantorum de París, Francia, en la Volkswang Hochschule de Essen y la Staaltliche Hochschule de Freiburg en Alemania, se graduó del Real Conservatorio de Madrid, España. Entre sus maestros destacan Leopoldo Téllez, Lluis Claret, Janos Starker, Maria Kliegel, Christoph Henkel, Marcial Cervera y Paul Friedhoff. Ha formado parte de la Orquesta Sinfónica de Valladolid, la Sinfónica de Baleares, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Sinfónica de Minería y del Cuarteto del Instituto Nacional de Bellas Artes. Dedicada sobre todo a la música de cámara, se ha empeñado en estudiar y difundir repertorios que ilustran la historia de su instrumento, así como a descubrir y dar a conocer obras de compositores recientes y en muchos casos desconocidos para el público. Ha estrenado en México

obras de al menos una veintena de compositores. Pero tal vez una de sus pasiones mayores sea el descubrimiento de obras de compositores contemporáneos, como la mexicana Marcela Rodríguez, el japonés Toshiro Mayuzumi y el inglés John Tavener, o de compositores barrocos como Antonii, Torelli, Jacchini y Caldara, entre otros.

Sus conciertos suelen ser concebidos como espectáculos completos en que, además de la línea temática que los une, la iluminación y el vestuario cobran importancia, al igual que, en ocasiones, la incorporación de otras artes, como la poesía, el teatro o la danza. Cabe señalar también que disfruta de participar en conciertos de otros géneros musicales, como la música popular mexicana, el blues y el rock. Hasta ahora, ha grabado tres discos: “Música española”, “El amor y la muerte” y “Ecos del mundo”. Para Jimena Giménez Cacho, el violonchelo es una de las voces más profundas entre todos los sonidos que se oyen en la tierra y, por ello, con esa voz puede expresar la ternura, el amor, el ansia, la melancolía y todos los sentimientos y sensaciones que provienen de la profundidad de su ser.

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