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Buenas Noticias - May 10, 2005

El son huasteco, de una riqueza musical extraordinaria, nutre el trabajo de “Huazzteco”

Samuel es nativo de San Luis Potosí

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 5 de mayo de 2005. “Huasteco de corazón/ Músico con frenesí/ México es mi nación/ La tierra donde nací/ Por eso tengo pasión/ Por mi San Luis Potosí…”, estos versos, improvisados en su versión del son huasteco tradicional “La pasión”, bien podrían servir para definir la que siente Samuel Martínez Herrera por la música mexicana, pasión que lo llevó a integrar Huazzteco, ensamble de jazz que se nutre de la enorme riqueza de la música tradicional mexicana.

Formado en noviembre de 2004 a iniciativa de Martínez Herrera, Huazzteco intenta fusionar los sones tradicionales de la música mexicana —especialmente los huastecos— con el jazz. La agrupación, con el cantante y jazzista francés André Minvielle, cerró de manera brillante el Festival de Jazz que se celebró en el marco del V Festival de San Luis, el pasado 30 de abril en el Teatro Alameda, de la capital potosina, ante un lleno total. Al término del concierto, Azteca 21 entrevistó al pianista y director musical de Huazzteco, Samuel Martínez Herrera, músico de 26 años, quien nos dio a conocer el porqué de su agrupación, así como sus proyectos.

“Desde la Edad Media, la música folclórica siempre ha sido fuente inagotable para la composición musical del llamado ‘músico culto’. Mientras la música trovadoresca incursionó en la Iglesia, el verdadero desarrollo de la música universal se efectuó fuera de ella y los compositores la ‘intelectualizaron’ hasta convertirla en parte de las grandes obras que hoy conocemos y que fueron creadas entre los siglos XIV y XIX. Los llamados compositores nacionalistas tomaron el folclor como elemento primordial y su esencia se encontró muchas veces demasiado sofisticada en la orquesta sinfónica, salvo cuando el compositor comprendió a fondo esa esencia, como fueron los casos de Manuel de Falla, en España, Bela Bartók, en Hungría, y de Silvestre Revueltas, en México.

No fue sino hasta que el folclor se desenvolvió a partir de sí mismo que sus verdaderas raíces quedaron intactas, pero en crecimiento, como sucedió con el jazz, el cual puede ser considerado el folclor más desarrollado de la actualidad, pero no por los músicos cultos tradicionales, sino por los propios y legítimos creadores. Así, el jazz ha demostrado estar al día y al parejo de las técnicas más avanzadas de la composición y también, como algo natural, ha permitido que diversas manifestaciones folclóricas puedan ser fusionadas con él.

“Respecto de Huazzteco, el causante de todo es mi padre, Jorge Martínez Zapata, porque comienza a hacer experimentos de este tipo. Él estudió aquí en San Luis lo básico, solfeo, etcétera, pero por su cuenta estudió ocho años con maestros particulares como Alfonso de Elías, Pablo Castellanos y Rodolfo Halffter; en un día tomaba las tres clases. Este es un ejemplo muy grande para mí de lo que son ganas de aprender. Él ha sido y es mi maestro, todo lo he estudiado con él. En la actualidad, la música te demanda un esfuerzo muy grande, debes estar al día para tener un conocimiento pleno de lo que uno está haciendo.

Él es un pianista clásico que en los años sesenta trabajaba con Miguel Álvarez Acosta, potosino de Xilitla, quien, como intercambio, lo mandó a San Antonio, Texas. Allá vivió cinco años dando clases. Una vez, por el 69, le encargaron hacer un encuentro de música mexicana y se dedicó a transcribir sones jaliscienses, etcétera. En un mes formó un ensamble con jarana, vihuela, guitarrón, flauta, dos violines, piano y cantante solista; lo interesante era ver cómo un cantante de ópera, con estudios formales, podía cantar música mexicana y a la inversa, cómo se escuchaba ésta en su voz. Esto lo hizo con los músicos del mariachi Chapultepec, que también eran sus alumnos, con un violinista del mariachi y otro, Daniel Terán, oriundo de Axtla de Terrazas, en la huasteca potosina. El violín huasteco de Terán es especial, con mucha energía, de un virtuosismo extraordinario, no como el de Heliodoro Copado, que es más elegante, pero no tan explosivo; similar al de Terán es el actual violinista de Los Camperos de Valles, Joel Monroy, quien tocó magistralmente esta noche con Huazzteco.

“Cuando Jorge Martínez Zapata comprendió los lazos existentes entre la improvisación jazzística, que también es esencial en nuestros sones huastecos, jarochos y guerrerenses, por ejemplo, y realizó el proyecto llamado ‘música integral’, nuestra música folclórica vio abiertas las puertas para la dignificación de esta legítima comunicación artística sin demeritarla, al contrario, haciendo que nuestros sones pudieran actualizar su expresión con un lenguaje propio de la época.

“Te repito, mi papá empezó con estos experimentos; quizás el primero en hacer esto en México. Desafortunadamente, en nuestro país la música mexicana no es valorada en toda su dimensión. Hay gran cantidad de músicos, jazzistas como Héctor Infanzón, Arturo Cipriano de Mitote Jazz, Zazhil… que lo han intentado. Pero creo que nadie lo ha hecho constantemente —Héctor Infanzón ha hecho cosas en trío, ensamble jazzístico cien por ciento; Jesús Echevarría ha hecho cosas muy interesantes, me fascina. En el caso nuestro, tenemos elementos para que esto resulte, por ejemplo Samuel Williams, pues lo importante es que Savoir tiene técnica, conoce muy bien el jazz y podría llegar a ser el mejor violinista que puede tocar son huasteco muy cercano a la realidad, sin ser él de la región.

“Mira, en este sentido, te voy a decir algo: en San Joaquín, en la Sierra Gorda queretana, durante el encuentro de huapango participan muchos niños que son una maravilla tocando el violín, si esos niños estudiaran música, composición, que hubiera una buena educación musical en esos lugares, así se lograría la universalidad de la música mexicana. De algún modo, eso es lo que yo quiero hacer, pero a la inversa, ya estudié, ahora a profundizar en las raíces de nuestra música. Yo estoy trabajando en la jarana una pieza de John Coltrane, ‘Giants steps’, pues la idea es comenzar a fusionar el jazz con el huapango, el son jarocho…

“En Huazzteco tocan huapangueños, personas que se dedican profesionalmente a la música; yo participo también en Son Caribe, donde tocamos salsa, es un proyecto interesante en el que llevo cinco años. En Huazzteco me rodeé de gente muy desinteresada, cuya vida es el huapango, como Rodolfo González Martínez, que toca en el Trío Colatlán, que ya grabaron un disco llamado ‘Memorias de la tradición’; Ramón Sánchez Aviña, quien forma parte de Zazhil y cuenta con una brillante trayectoria musical; Samuel Williams ‘Savoir Faire’, que en francés significa ‘saber hacer’, de Chicago, pero quien vive en San Luis y es un excelente violinista cautivado por el son huasteco; Jesús Castro Andriano, otro conocedor de nuestra música tradicional y quien participa como violinista en el Trío Akahual; Joel Monroy, actual violinista de Los Camperos de Valles, uno de los grupos emblemáticos de son huasteco, y de quien hoy viste muestras de su virtuosismo y capacidad de improvisación; Carlos Zambrano Morales en el contrabajo y Guillermo Barrón Ríos en la batería y percusiones; a ellos se suma, como esta noche, Lizette Barrón como bailarina.

“Yo le tengo mucha fe al proyecto, no podía esperar más, es algo que viene ya de años, frustrado por falta de recursos, de promoción; tenía que volver a hacerse, además de que puede cristalizarse, lo que tratamos de hacer es muy sincero. Una de las metas es salir al extranjero, a tocar la música de uno, no tiene sentido ir a tocar jazz a Estados Unidos, salsa en Cuba, hay que evolucionar la música mexicana; como te dije, el jazz es el folclor más evolucionado del mundo, que se nutrió de las técnicas de composición contemporáneas a la par que iban saliendo, por eso es una música muy universal.

“En lo particular, me gusta el folclor de todo el mundo, el jazz cubano contemporáneo, el flamenco, la música brasileña, africana, clásica… pero sobre todo la música tradicional mexicana, sin excluir los boleros, la sinfónica mexicana, Arturo Márquez, por ejemplo; el rock —yo fui roquero por una temporada, creo que todos deberíamos serlo alguna vez en la vida. Siento respeto por Sting, por mi padre, que tiene 69 años y es un tipo fenomenal, da clases particulares y lleva muchos años dedicados a la pedagogía musical.

Últimamente, de dos a tres años a la fecha, ha empezado a ser reconocida su labor; él tiene arreglos corales, música tradicional mexicana, tenemos una enciclopedia en él. Yo ahora tomo clases particulares con el maestro Enrique Nery, y muy pronto iré a la ciudad de México a hablar con Héctor Infanzón, el músico que más se acerca a la música mexicana; también debo mencionar a Juan Alzate, quien estuvo estudiando unos meses en Berklee, Boston, Massachussets; otro músico mexicano con el que he tocado y a quien aprecio mucho es Efrén Capíz, cuyo cariño por la música purépecha nos ha dado fusiones muy interesantes.

“De esta manera, el proyecto Huazzteco nace de la incesable búsqueda del maestro Martínez Zapata por tomar las diversas tradiciones musicales de nuestro país y colorearlas con un sentido y una idea musical actual; búsqueda que yo he heredado y retomado, por lo que he reunido tanto a músicos que han trabajado conmigo en el proyecto jazzístico Polirritmia, como otros que han dedicado su vida al folclor. El título que porta este proyecto podría hacer pensar que se limita a una sola zona geográfica: la Huasteca, sin embargo, está abierto a toda manifestación cultural que haya en nuestro hermoso país, el cual está colmado de una riqueza cultural que encierra una variedad de ritmos y expresiones diversas e inagotables.

“Por lo tanto, el objetivo de Huazzteco es no sólo utilizar los sones mexicanos con el fin de presentarlos de una manera más contemporánea, sino demostrar la importancia que tiene nuestra música por sí sola y su fusión con las técnicas contemporáneas o ‘de época’, como lo es el jazz. Muchos músicos en el mundo ya se han preocupado por universalizar su folclor, por ejemplo, los brasileños y el Bossa nova, los cubanos y el Jazz cubano o ‘Jazz latino’, los españoles y el Jazz flamenco y compositores como Astor Piazzola, en Argentina, etcétera.

“El jazz estadounidense es mencionado por muchos como el folclor más evolucionado del mundo, pero los precursores de esta música fueron de los primeros en preocuparse por universalizarla, transformándola en ‘música de escenario’ y llevándola al alcance de muchos. Por eso el jazz ha sido a lo largo de su historia el más utilizado para la fusión con distintos tipos de folclor. Así, creo que debe ocurrir lo mismo con nuestro folclor, llevar nuestros sones huastecos, jarochos, guerrerenses, istmeños, la canción mexicana campirana, los corridos, etcétera, a otra categoría más universal, al alcance de quien no la conoce, a fin de que México no sólo sea reconocido en el mundo por el mariachi y la canción ranchera.

“En México existen extraordinarios músicos y grupos que han hecho intentos por llevar a cabo lo que he mencionado, y otros que han logrados interesantes propuestas, que han persistido hasta la fecha, como ya lo dije antes, mi padre, Jorge Martínez Zapata, Efrén Capíz, Arturo Cipriano, Héctor Infanzón, Miguel Peña, Enrique Nery, Eugenio Toussaint, Lila Downs, Mono Blanco, Zazhil y muchos más.

“Huazzteco es una agrupación más que se une a esta propuesta, que en su joven pero necia trayectoria artística quiere ofrecer, al público y a quien les brinde la oportunidad de escucharlos, un poco de alegría y satisfacción, con música mexicana actual hecha por músicos mexicanos, potosinos en su mayoría. Así que gracias por la entrevistas y que inicie el fandango”, concluye sudoroso pero sonriente Samuel Martínez Herrera, joven músico mexicano cuyo entusiasmo es contagioso y cuyo talento musical lo complementa con una voz ideal para interpretar el son huasteco.

Martínez Herrera nos comentó que Huazzteco planea sacar su primer disco este mismo año. Lo esperamos desde ya y sólo podemos anticipar que contendrá versiones de son huasteco y composiciones de Samuel, como “Sesquiáltera 1”. Además, seguramente será una revelación y una anunciación: el descubrimiento para muchos de esta excepcional y excelente agrupación musical y el deseo de que sigan abriendo nuevos caminos para la música tradicional mexicana en sus distintas vertientes.

Samuel Martínez Herrera

Nació en la ciudad de San Luis Potosí. Comenzó sus estudios musicales de manera privada con su padre, el maestro Jorge Martínez Zapata, cursando todas las materias de la carrera en composición, así como el estudio del piano y técnicas aplicadas al jazz. En talleres alternos, ha estado en contacto con los maestros Ramón Nieto Bojórquez, en percusión latina, y Gabriel Hernández, en piano y técnicas aplicadas a la música cubana y afroantillana. Asistió al segundo y tercer Taller de Jazz, organizados por el Conservatorio de las Rosas en Morelia, Michoacán, en 1999 y 2000, respectivamente, contando con la docencia de Mark Levine, Bruce Forman, Antonio Sánchez, John Benítez, Mili Bermejo, Dan Greenspan, Tim Ray y Juan Alzate.

Actualmente toma clases particulares en la ciudad de México con el maestro Enrique Nery. Desde 1996 participa en los ensambles jazzísticos Sonidos, Los Superfónicos, Cuarteto de Jazz del H. Ayuntamiento de San Luis, Polirritmia, agrupación que participó en el Circuito Centro-Occidente, en julio de 1999, así como en diversos festivales en el interior de la República. A partir de 1997 imparte clases de piano, entrenamiento auditivo y armonía en la escuela de música del H. Ayuntamiento de San Luis, donde ha escrito arreglos sobre música mexicana y jazz para orquesta de cámara juvenil y ensamble de alientos, logrando que la gente joven se interese en alternativas musicales. En la actualidad participa en los proyectos: Son Caribe, grupo de música afroantillana, con el que interviene en la producción “El río” (2002), presentándolo en la República del Ecuador en 2003, y el grupo Huazzteco, con el que ha participado en el Festival del Son, en Huehuetlán, San Luis Potosí, en el Festival San Luis Jazz 2004 y en el Festival de San Luis 2005, donde se aborda principalmente la música mexicana en sus diversas manifestaciones con el jazz.

Ha participado como pianista acompañante en talleres de danza contemporánea y en obras teatrales como músico o compositor (“El canto Sangurima”, 2001; “Akukum”, 2002). También realiza investigaciones sobre la música mexicana, en especial del son huasteco y su relación con el jazz, debido a su improvisación constante, tanto en la música como en el verso.

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