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Buenas Noticias - April 5, 2005

“Cien años en la vida de la luz”, de Luis de la Peña, un libro de divulgación científica muy ameno

El libro consigue capturar
la atención del lector,
cautivar su mente e imaginación

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 3 de abril de 2005.- A inicios del presente año comenzó a circular en las librerías de nuestro país un libro que constituye toda una revelación y una verdadera invitación para dedicarse al quehacer científico: “Cien años en la vida de la luz”, del doctor Luis de la Peña, editado por el Fondo de Cultura Económica dentro de su colección “La ciencia para todos”, en cuyo catálogo tuvo la suerte de ser el número 200.

Dije líneas arriba que el libro es toda una revelación, y lo digo porque efectivamente resulta una grata sorpresa encontrar una prosa transparente, bien escrita, aunada a una erudición y conocimiento profundo del tema que se está tratando. Esto adquiere sentido si recordamos que el autor es un científico, no un escritor. Vaya, lo anterior no implica que los científicos no saben escribir, sino que es difícil encontrar un libro de divulgación científica escrito —narrado— de una forma tan amena y sencilla, que consigue su objetivo de inmediato: capturar la atención del lector, cautivar su mente e imaginación.

Y esto último tiene que ver con la otra afirmación: que el libro es una invitación para dedicarse al estudio de la ciencia, a la investigación de ésta. Después de llamarnos la atención sobre la importancia de la luz —sin ésta simplemente no habría vida—, de la Peña nos introduce sucintamente a la extraordinaria historia de este fenómeno físico y señala que en ella no aparece ningún mexicano ni latinoamericano.

Ello no es casual afirma, pues se trata de una tradición de siglos, de un apoyo decidido a la ciencia, como lo demuestra la tradición inglesa de la ciencia, o la alemana o francesa, mientras que en nuestros países no se le da el apoyo debido. Y al ocuparse del desarrollo de la ciencia dedicada al estudio de la luz, el autor señala que, en contraste, es una historia de lo que no sucede en nuestros países.

Así, afirma que el estudio y conocimiento de la luz no ha concluido, que aún queda mucho por explorar, descubrir y asentar, por lo que, es obvio, queda abierta de manera implícita la invitación a los jóvenes a que emulen a los grandes científicos que tanto bien han hecho a la humanidad.

Lo anterior se enlaza naturalmente con uno de los objetivos de la colección, que a la letra dice: “Es necesario pensar una ciencia en nuestros idiomas que, de acuerdo con nuestra tradición humanista, crezca sin olvidar al hombre, que es, en última instancia, su fin. Y, en consecuencia, su propósito principal es poner el pensamiento científico en manos de nuestros jóvenes, quienes, al llegar su turno, crearán una ciencia que, sin desdeñar a ninguna otra, lleve la impronta de nuestros pueblos”.

El libro se ocupa de la historia de la luz desde 1800 a 1905, en los que el investigador mexicano comenta los aportes realizados por científicos de la talla de William Herschel, Thomas Young, Augustin Fresnel, Francois Arago, James Clerk Maxwell, Max Planck y Albert Einstein, y agrega interesantes estudios biográficos.

El autor manifiesta desde el inicio que el libro nació a partir de una conferencia homónima que impartió en 2000 en la ciudad de México y que tuvo gran éxito, por lo que la repitió en varias instituciones que así se lo pidieron. El deseo de alcanzar un público mayor —de compartir su amor por la investigación científica— lo impulsó a buscar el tiempo necesario para ello. Esto fue posible en 2003, en Viena, gracias a un permiso.

Además, el autor aclara que el libro mantiene su carácter, “destinado a un público amplio con un mínimo de cultura general y bastante curiosidad”, y señala que las notas que acompañan el texto pueden ser omitidas por el lector sin menoscabo del contenido, es decir que, dependiendo de su interés, puede leerlas o no.

“Cien años en la vida de la luz” se lee de corrido y con mucho placer y provecho, puesto que la prosa y el conocimiento del doctor de la Peña —él mismo una eminencia en la ciencia mexicana— son los factores decisivos para que esto así sea, para que el lector recuerde, goce y aprenda lo más importante que se ha producido en la ciencia sobre la luz en el siglo XIX, “el gran siglo de la luz”, como él lo llama.

Del siglo XX no se ocupa porque, explica, no se han dado los grandes descubrimientos ni han surgido los extraordinarios hombres de ciencia como en el siglo que lo precede; sin embargo, el doctor de la Peña expresa su confianza en que en este siglo XXI aparezcan los dignos sucesores de Herschel, Maxwel, Planck, Einstein. Que así sea, y que alguno sea mexicano.

Luis de la Peña

Estudió ingeniería en comunicaciones y electrónica en el Instituto Politécnico Nacional. Se doctoró en ciencias físico-matemáticas en la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú. Desde 1958 labora en el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México, del cual es investigador emérito. Además de numerosos artículos científicos, ha escrito “Albert Einstein: navegante solitario”, número 31 de “La ciencia para todos”, y en colaboración con Ana María Cetto “The Quantum Dice. An Introduction to Stochastic Electrodynamics” (capítulo 1), editado en Holanda en 1996, y fue el compilador de “Ciencias de la materia: génesis y evolución de sus conceptos fundamentales”, editado en México en 1998. Asimismo, el doctor de la Peña obtuvo en 1984 la Medalla Académica de la Sociedad Mexicana de Física, en 1989 el Premio Universidad Nacional y en 2002 el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de ciencias físico-matemáticas y naturales.

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