Home Buenas Noticias Los pasos, los ritos, los procedimientos y el cónclave para elegir al nuevo Sumo Pontífice
Buenas Noticias - April 3, 2005

Los pasos, los ritos, los procedimientos y el cónclave para elegir al nuevo Sumo Pontífice

El cardenal español,
Eduardo Martínez Somalo,
funge como carmanlengo

Roma, Italia.- 3 de abril del 2005.- Antes de morir, es más, desde 1996, cuando se le declaraba el mal de Parkinson, el Papa Juan Pablo II escribió la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis Sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Romano Pontífice, donde deja escrito paso a paso los procedimientos tras su muerte y la final elección de su sucesor.

En ese documento se deja con lujo de detalles los métodos que deben cumplirse a partir de que el Pontífice da su último aliento.

En principio el fallecimiento del Su Santidad debe ser certificado por un médico, pero en ese momento la tradición dice que el Camarlengo deberá situarse frente al lecho de expiración y golpear con un pequeño martillo de plata la frente del Santo Padre, mientras le llama tres veces por su nombre de pila.

A continuación, el vicario de Roma comparecerá en la televisión pública italiana para anunciar oficialmente la defunción del Papa. Y aunque gracias a la tecnología es probable que los purpurados se enteren casi simultáneamente que el mundo, la Santa Sede enviará a todos los miembros del Colegio Cardenalicio un telegrama convocándoles al cónclave. En la última ocasión, el texto rezaba: “El Papa ha muerto, ven de inmediato”.

DIRIGENCIA. Una vez certificado el deceso, la institución queda automáticamente sin dirigencia. Sólo tres cardenales mantendrán sus cargos: el argentino Leonardo Sandri (ministro de Interior) y los italianos Giovanni Lajolo (secretario de Relaciones para los Estados) y Camilo Ruini (vicario general del Papa para la Diócesis de Roma).

Sin embargo, la persona que tendrá la máxima autoridad durante los siguientes días y hasta que haya un nuevo sucesor será el actual Camarlengo del Pontífice, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo.

Ninguno de ellos puede tomar decisión alguna durante este tiempo, salvo las necesarias para organizar el cónclave.

También continúan en sus cargos dos de los responsables de la Secretaría de Estado: el encargado de las relaciones con los gobiernos extranjeros, el arzobispo Giovanni Lajolo, y el equivalente al ministro del Interior, el arzobispo Leonardo Sandri.

Ellos, junto al Colegio Cardenalicio, deben decidir también la fecha del funeral del Papa y la de apertura del cónclave. Los nuncios, o embajadores vaticanos, también permanecen durante estos días en sus puestos.

EL FUNERAL. El cadáver de Juan Pablo II será embalsamado para, durante tres días, ser expuesto al público. Luego, tras ser metido en tres ataúdes —de cedro, de piedra y de pino— descansará para siempre en la cripta bajo el Baldaquino de la Basílica de San Pedro, junto a otros 147 Papas.

Los primeros tres días el cuerpo será expuesto al aire libre en la Plaza de San Pedro, para dar cabida a la multitud que querrá estar presente. Se espera que personalidades y Jefes de Estado de todo el mundo acudan a las exequias.

Los funerales de los dos últimos Papas, Pablo VI y Juan Pablo I, se celebraron en la Plaza de San Pedro. En los demás casos, tuvieron lugar en el interior del Vaticano. Todo depende de lo que decida la asamblea de cardenales.

El día de hoy se celebrará una misa de cuerpo presente y, la ceremonia en la que participarán la mayor parte de los cardenales, durará al menos dos horas y media y será retransmitida por televisión.

Después de la misa, el féretro será introducido a hombros en la cripta de la Basílica. Es el tránsito por la llamada “puerta de la muerte”. Sólo algunas personas seleccionadas por el Vaticano podrán acompañar al cadáver, que será sepultado en el sepulcro.

En ella se encuentra la tumba de Pedro, primer padre de la Iglesia Católica. Juan Pablo II será el Obispo de Roma número 148 en ser enterrado junto a él.

LOS “NOVEMDIALES”. El tiempo de espera hasta el inicio del cónclave, es una herencia medieval que a la fecha sirve para que los cardenales aprovechen estos 15 días para las congregaciones de cardenales y para la “política o cabildeo” previa a la votación, la formación de “candidaturas” o la búsqueda de apoyos a las mismas.

En el caso de que el funeral se realice seis días después de la muerte de Su Santidad y el cónclave comience a los 15 días, los “novemdiales” durarán nueve días. Cada uno de estos días se celebrará una misa por el alma del difunto.

Aunque los cardenales tienen prohibido postularse para el cargo de Papa, o hacer cualquier tipo de insinuación en su favor, este periodo es una especie de “campaña electoral” durante la que se suceden los corrillos, las cenas y tomas de postura.

Cada día de la Sede Vacante los purpurados se reúnen en las congregaciones de cardenales, reuniones en las que se prepara la elección del nuevo Pontífice y se debate sobre la situación de la Iglesia.

Además, tanto los medios de comunicación como grupos de fieles organizados tratarán esos días de influir en los purpurados hacia uno u otro candidato, y es de suponer que durante estos días circularán manifiestos con profusión.

En 1996, Juan Pablo II aconsejó a quienes deberán elegir a su sucesor que cuando llegara el momento “no se dejaran llevar por simpatías o aversiones”, pero es evidente que los electores son humanos sobre los que muchos factores pesarán a la hora de emitir su voto, además de la “influencia del Espíritu Santo” que les pide la Constitución apostólica.

EL CÓNCLAVE. Los cardenales tienen una labor que pareciera simple, pero que en realidad conlleva la elección del sucesor del apóstol Pedro en la tierra, inspirados por el Espíritu Santo.

El cónclave es un ritual que sigue prácticamente igual desde hace ocho siglos. Debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, una medida adoptada en plena época medieval, cuando llegar a Roma desde cualquier parte de la cristiandad era cuestión de semanas.

Aunque a la fecha los purpurados pueden llegar a la Santa Sede en unos días como máximo, se mantiene el periodo establecido, mismo que se aprovecha para celebrar reuniones en las que debaten sobre el estado de la Iglesia o, cabildear, aunque teóricamente es prohibido buscar alianzas y candidatos. (Agencias)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *