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Por la Espiral - March 26, 2005

Las pretensiones de EUA y las nuevas presiones

Desde la incursión de México al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) en 1986 y posteriormente con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), su puesta en vigor el primero de enero de 1994, el país ha experimentado una serie de transformaciones contundentes en el aparato productivo, en el PIB sectorial, en la Balanza de Pagos y en la Balanza Comercial. También por la influencia externa se ha maniobrado en la esfera política, en  pro de la alternancia.
Las variables externas han fungido como propulsores de cambios en la economía y en la política de México, sin dejar de menospreciar su influencia en otras áreas como la cultura, la sociedad, la familia; etc.
En lo que confiere a la rectoría del Estado en áreas sustanciales de la producción como son la parte energética, petróleo, gas y luz, el TLCAN ha permeado ha regañadientes de los opositores.
 El texto del TLCAN dedica el Capítulo VI a los apartados de energía y petroquímica básica, en este punto, México, Estados Unidos y Canadá, confirmaron su pleno respeto a sus respectivas Constituciones.
 No obstante, aunque no se especificaron plazos graduales o fechas, si en cambio se ratificó el compromiso  para “fortalecer el importante papel que el comercio de los bienes energéticos y petroquímicos básicos desempeña en la zona de libre comercio, y acrecentarlo a través de su liberalización gradual y sostenida”.
 
Por su parte el Anexo 608.2 del texto del TLCAN refiere que: “En actividades e inversión en plantas de generación eléctrica, una empresa de una de las otras Partes podrá adquirir, establecer u operar una planta de generación eléctrica en México para satisfacer sus necesidades de suministro. La electricidad generada que exceda dichas necesidades debe ser vendida a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y la CFE deberá comprarla bajo los términos y condiciones acordados por la CFE y la empresa”.
En lo concerniente al  petróleo, y con la Constitución de por medio, los Contratos de Servicios Múltiples que opera Pemex, han fungido como una alternativa para las presiones del capital foráneo, contratos que no satisfacen del todo a las petroleras estadounidenses que partiendo del acuerdo del TLCAN  le recuerdan a México que el asunto del petróleo, sus reservas y el abastecimiento de los países miembros del TLCAN es un asunto trilateral, más que propio  de la soberanía de un país.
La integración en bloques motivada por la creación de zonas comunes ha venido evolucionando adaptándose a las necesidades geoestratégicas que el mundo en su desarrollo delimita, por eso hoy a las zonas francas libres de aranceles  se le añaden componentes de: 1) Seguridad fronteriza y migración. 2) Bioseguridad. 3) Asuntos de interés y tensión geográfica y humana derivados de la falta de agua, de alimentos, de electricidad, gas y petróleo. 4) Un frente común para luchar contra las células invisibles del terrorismo.
A COLACIÓN
La semana pasada en Waco, Texas, (lugar recordado por la tragedia de la secta davidiana liderada por David Koresch) sucedió una reunión que a nivel mundial puso el nombre de Waco  como sede de un nuevo pacto entre Estados Unidos, México y Canadá para reforzar la seguridad de la zona del Norte y también para establecer una estrategia energética común.
Tenemos temas altamente sensibles para la soberanía de los países sobre de la mesa de los tratados, que a muchos disgustan por ser injerencistas, y lo que estamos observando es un nuevo papel de los Estados-Nación dispuestos a trabajar de forma común en muchas áreas, a ceder soberanía en pos de la seguridad  y a mantener algunos destellos de identidad como resguardo.
El caso más amorfo y sui generis lo es la Unión Europea, un bloque con más de cincuenta años de evolución, históricamente confrontado entre sí, con países que en diversos periodos de la historia han conquistado a vecinos y circundantes.
No es nada fácil lo que han construido los europeos que siguen discutiendo su homogeneidad en una Constitución Europea. De la Unión Europea, doce de quince países, cedieron su soberanía  para unificarse en una sola moneda: el euro; y aunque hablan de temas comunes, con criterios de política económica y monetaria, al interior del bloque podemos ver una España con grupos separatistas y países que están juntos en muchos temas pero al mismo tiempo separados por intereses particulares como el caso de España y Gran Bretaña a favor de la invasión de Estados Unidos a Irak y de Francia y Alemania en contra de la intervención.
En el bloque de México, Estados Unidos y Canadá, la seguridad de la zona se plantea como un problema vital sobre todo para Estados Unidos que con su política belicista tiene más enemigos que amigos en el mundo.
La seguridad golpea directamente a México y a los mexicanos indocumentados, una masa creciente de expulsados que guardan una correlación importante con la puesta en marcha del TLCAN.
Recientemente el Centro Hispánico Pew reveló cifras preocupantes: “La población de inmigrantes indocumentados del país se incrementó a 10.3 millones el año pasado, impulsada principalmente por la llegada de mexicanos. Por un amplio margen de diferencia, los mexicanos son el mayor grupo de inmigrantes indocumentados, con 5.9 millones de personas”.
La migración es para Estados Unidos un asunto de seguridad nacional que coloca al mismo nivel que la infiltración de terroristas.
En la agenda del miércoles pasado en Waco, Texas no supimos en concreto que harán  Estados Unidos, México y Canadá, en cuestión de seguridad.
Algunos analistas opinan de la creación de un ejército en común para las zonas fronterizas, otros por que el ejército de cada país compartirá zonas de resguardo, el punto es que no se sabe hasta dónde llegará el pacto.
Es un  asunto que por cierto no está contemplado dentro del Presupuesto de 2005 y que el presidente Vicente Fox deberá discutir hondamente con diputados y senadores si es que requiere de alguna partida monetaria especial.
Por cierto que nada se dijo del “muro de la ignominia” que construye Estados Unidos en la frontera con México, después del Muro de Berlín, muchos creímos que la xenofobia y el odio jamás volverían a levantar otro muro igual, y en pleno siglo XXI, Israel construye el suyo propio para segregar a la población palestina y Estados Unidos lo hace con los mexicanos, precisamente con sus “colegas” del TLCAN.
De la agenda energética todavía nos queda mucho por decir en nuestra próxima columna…
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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