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Por la Espiral - March 17, 2005

Pemex cumple 67 años de ordeña

¿Qué hubiera pasado en la construcción del México post revolucionario sin la nacionalización petrolera y la institucionalización de Pemex? Seguramente los gobiernos hubieran tenido un estrecho margen de maniobra para levantar tantos proyectos que la población demandaba como parte del crecimiento demográfico, e igualmente necesarios para cimentar la estructura de un régimen que necesitaba sostenerse.
 Pemex forma parte del pasado y del presente de varias generaciones de mexicanos, símbolo de un momento histórico, corazón energético del país, inspiración de múltiples ensayos, novelas, testimonios, tramas de invasión, de complots figurados, de verdades, de mentiras, de fraudes y de ambiciones por el  poder.  Es trama  del México negro de Francisco Martín Moreno; “caja chica” del gobierno federal y as bajo la manga siempre que se llega a la mesa de negociaciones con Estados Unidos.
 La paraestatal mantiene en la memoria histórica de los mexicanos un momento coyuntural “la expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938 decretada por el presidente, el general Lázaro Cárdenas del Río”. Allí está formando parte de los anales.
 ¿Qué historia se escribirá con el nombre de Pemex en el siglo XXI? Los directivos de la paraestatal parecen estar dispuestos a la jubilación de una empresa que nunca ahorró para su retiro, porque sus arcas, nos dicen, se encuentran con problemas financieros. Ni siquiera es septuagenaria y muchos nos preguntamos si seguirá siendo “propiedad de todos los mexicanos” en el primer centenario de la expropiación.
 Pemex vive un momento coyuntural y junto con la empresa lo vive al mismo tiempo todo el modelo energético del país,  lo que nos jugamos es el petróleo, el oro negro, de quién debe ser su propiedad. En el  campo petrolero mexicano nos quieren aplicar aquella añeja frase del sector agrícola “el campo es de quién lo trabaja”. Esta es la parte fundamental de presión de las empresas transnacionales que aguardan el bocado de la privatización, diríamos algo así como: “El manto petrolero es de quién lo trabaja”.
A COLACIÓN
 Leo “Pemex: la caída de Díaz Serrano”, editado por Proceso en 1981, una recopilación de interesantes artículos, denuncias periodísticas, como las que defiende el periodista Carlos Ramírez en el mismo texto.
  La reflexión de la lectura es inevitable: la paraestatal enfrenta un deterioro paulatino que reveló la prensa nacional hace más de dos décadas. No es un tema nuevo, no es la moda de hoy, es simplemente una herencia perniciosa, a la que no se le ha puesto la atención que merece. La crisis de Pemex  ha sido ignorada  por más de cuatro administraciones, parecería que hay una consigna deliberada a favor de llevar a la paraestatal  a la parálisis. De abaratarla ante el capital extranjero.
 En la página 41 del libro que menciono párrafos arriba se indica: “La situación financiera de Petróleos Mexicanos durante el periodo 1978 enero/agosto de 1980 muestra un deterioro gradual. Ello tiene su origen fundamentalmente en las siguientes causas: Si bien es cierto que ha generado recursos importantes mediante la exportación de crudo y ha venido subsidiando al resto de la economía a través de la adopción de una política de precios bajos y estables, ello ha conducido a que los recursos que emplea para llevar a cabo su propia operación  y financiar su crecimiento sean cada vez más limitados”.
 ¿Les parecen desconocidas estas argumentaciones? Encajan perfectamente en el escenario actual. La “ordeña” de Pemex ha permitido financiar administraciones corruptas, paternalistas, a favor de los subsidios, el despilfarro y el dispendio. Es una vergüenza que mientras que la balanza comercial de México se ha logrado despetrolizar no suceda lo mismo con las finanzas públicas codependientes de los ingresos fiscales de una empresa descapitalizada por muchas razones y que requiere de sus propios recursos para seguir operando.
 ¿Cuántas décadas más se van a tardar en darle solución al problema? ¿O es qué acaso este artículo estará vigente veinte años después?
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Tampoco son nuevas ni desconocidas las presiones de Estados Unidos por dominar el campo petrolero mexicano.
 El escritor Paul Garner, en su libro “Porfirio Díaz, del héroe al dictador, una biografía política”, documenta que  el periodo de 1900 a 1910 surgió  una rápida expansión de la industria petrolera que estaba entrelazada con la inversión extranjera. La competencia en el entorno sucedía principalmente entre los capitales estadounidenses y los europeos.
 El descubrimiento de los primeros depósitos en México sucedieron en El Ebano, San Luis Potosí, en 1904, realizado por la Huasteca Petroleum Company propiedad de Edward Doheny.
 Garner escribe en la página 183 que” el dominio de las compañías petroleras estadounidenses sobre la naciente industria nacional producto el temor de que la explotación petrolera cayese en el control monopólico de los intereses de Estados Unidos”.
 Entonces, el presidente, el general Porfirio Díaz, solicitó personalmente que Doheny no vendiera sus propiedades a la Standard Oil sin dar primero la oportunidad de comprarlo al gobierno mexicano.
 “Al mismo tiempo, el régimen otorgó concesiones para la explotación del petróleo al empresario británico Sir Weetman Pearson, que no tenía ninguna experiencia en la industria”.
 Esta maniobra del presidente Díaz fue para evitar precisamente la dominancia de Estados Unidos. Fue así como Pearson construyo en 1906 una refinería de petróleo en Minatitlán, Veracruz. Después vendrían hallazgos importantes, los depósitos de petróleo en Dos Bocas y Tuxpan.
 El petróleo es pieza clave para entender la relación política y el rol geoeconómico y estratégico que tiene México para Estados Unidos. Esta en nuestro presente, de manera inocultable, en el futuro.
 Pemex sigue apareciendo en América Latina dentro del grupo de las  500 mayores empresas, junto con PDVSA de Venezuela y  Petrobras de Brasil. La diferencia de la paraestatal mexicana con las otras empresas latinoamericanas es su nivel de rezago, tanto en la  expansión,  como en la participación, en proyectos de la región. La razón es la falta de capital.
 Hoy que se recuerda en el país con diversos actos  y homenajes la fecha histórica de la expropiación petrolera, de su nacionalización, bien nos vendría echar un vistazo para atrás para analizar cuánto ha hecho Pemex por este país y cuánto debemos hacer ahora, por evitar su jubilación y perder el control energético.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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