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Por la Espiral - February 9, 2005

Se usan remesas más para el consumo

En la columna de ayer mencionamos algunos aspectos relacionados con el impacto microeconómico de las remesas en las familias y comunidades receptoras en México, y dejamos pendiente abordar el sentido macroeconómico de esos miles de millones de dólares.
 A lo largo de estos días he dado lectura a un libro de El Colegio de la Frontera Norte, titulado: “Remesas de los mexicanos y centroamericanos en Estados Unidos. Problemas y perspectivas”. El libro aborda un  debate estéril entre los analistas que consideran que las remesas deben ser contabilizadas como un ahorro en México y aquéllos más que opinan que su registro debe ser en forma de un ingreso.
 La distorsión refleja lo intrincado de las remesas por que su volumen tiene consecuencias, tanto micro como macroeconómicas. Algunos economistas señalarían que basta con contabilizar los flujos en la Balanza de Pagos, pero entonces nunca conoceríamos la aportación real en diversas variables.
 Las remesas salen desde Estados Unidos como un ahorro que los compatriotas  se imponen para mandar a sus familias en México. Los envíos promedian los  326.55 dólares, no sabemos si son semanales, quincenales o mensuales.  Desconocemos el patrón de la periodicidad.  Este ahorro es un dinero que el migrante no gasta, no invierte, no inyecta a la economía estadounidense ni ahorra  en ningún banco estadounidense.
 El ahorro del migrante se convierte para la familia en México en: 1) El complemento de su ingreso disponible. O 2) La única fuente de ingreso disponible.
Si las remesas sirven de complemento para el ingreso disponible de la familia existen amplias posibilidades de que parte de los recursos puedan servir de  base de ahorro pensando en una futura inversión. Un ejemplo, lo encontramos en San Francisco del Rincón, Guanajuato, donde varias microempresas artesanales y dedicadas a la confección y venta del zapato, surgieron como negocio familiar tras años de ahorrar los “migradólares”.
Pero si las remesas son la única fuente de ingreso disponible, entonces estamos hablando de un dinero que hace las veces de un subsidio monetario, recordemos que los subsidios pueden ser en especie o pecuniarios. Y como suele suceder con los subsidios surgen algunas distorsiones negativas (todo lo contrario del primer caso en el que se puede lograr un cierto grado de ahorro de las remesas), no  hay capacidad de ahorro y en cambio es un llamado para el conformismo y  para caer en la costumbre de aguardar a que, semana con semana, quincena con quincena, llegará determinada cantidad en dólares.
El paliativo carece de un efecto multiplicador, y como lo señala el INEGI, la mayor parte del dinero por remesas que reciben las familias se gasta en el consumo de bienes básicos (alimentación), vestido y manutención, incluyendo educación y salud; una segunda parte se gasta en ahorro (cuentas bancarias) y una tercera en inversión productiva (compra de terrenos, vivienda, vehículos, maquinaria, formación de microempresas etc).
Si se dan cuenta en estos párrafos hemos hablado de tres variables macroeconómicas bastante importantes: el ingreso, el ahorro y el consumo. Las tres están estrechamente interrelacionadas. El ahorro es la parte del ingreso disponible que no se consume. El ahorro es igual al ingreso menos el consumo.
Las formas en la que las tres se combinan permiten comprender la trascendencia real de las remesas en la macroeconomía en México. Si la propensión marginal de las familias con remesas fue a gastar casi la totalidad de los 16 mil  612.85 millones de dólares que en conjunto recibieron en 2004, significa que los dólares son más un paliativo que un complemento para el ingreso. El gasto en consumo entra al torrente macroeconómico para beneficio de las empresas productoras, pero podría utilizarse con mejores fines. Un elevado consumo en relación con el ingreso significa una baja inversión y un lento crecimiento, en tanto que, un bajo consumo en relación con el ingreso significa una elevada inversión y un rápido crecimiento.
Diversos  analistas se preguntan qué se puede hacer con las remesas para que generen beneficios para la macroeconomía mexicana, algunos proponen  crear un impuesto para las remesas con la finalidad de que el fisco comience a beneficiarse, lo hacen bajo  la justificación de que la salud de las finanzas públicas es prioritaria.
El gravar las remesas, por su volumen e importancia, podría favorecer  al fisco pero no al crecimiento del país y de lo que se trata es que  estos miles de millones de dólares contribuyan a un círculo virtuoso que tenga al empleo como la cereza del pastel.
Si la tendencia es a que cada vez las remesas serán más cuantiosas por la inclusión al sector bancario de los migrantes en Estados Unidos y el gobierno se está planteando medidas,  una manera fehaciente de responder sería  incluyendo a más familias en pobreza dependientes de las remesas a programas de crecimiento y desarrollo, para que los dólares no sean un subsidio sino un complemento del ingreso y por tanto una posibilidad de ahorro y un detonante de la inversión. Es una plataforma para que más familias desarrollen sus cualidades artesanales por la vía empresarial.

A COLACIÓN
 La distribución de las remesas  por entidad federativa que condensa el Banco de México nos permite conocer de qué estados son las familias que reciben más “migradólares”.
 En 2004, el estado que recibió más remesas fue Michoacán con dos mil 195.6 millones de dólares. En segundo lugar Guanajuato, la tierra del presidente Vicente Fox, con mil 531.6 millones de dólares; seguido de Jalisco con mil 419.2 millones de dólares y en cuarto lugar el Estado de México con mil 385 millones de dólares.
 De todas las entidades, la de Michoacán fue la que registró el crecimiento más alto en los flujos enviados en 2004 respecto a 2003, con el 12.6 por ciento.
 Otras entidades con ingresos por remesas importantes fueron: Puebla con 955.6 millones de dólares; Distrito Federal 954 millones de dólares; Veracruz con 950.5 millones de dólares; Guerrero con 826.3 millones de dólares; Oaxaca con 804 millones de dólares.
 Entre las entidades con los menores flujos por remesas encontramos a: Baja California Sur con 16.8 millones de dólares; Campeche con 37.3 millones de dólares; Quintana Roo con 71.7 millones de dólares y Coahuila con 155.3 millones de dólares; entre otros.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com
 

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