Home Cine Silente Mexicano LAGRIMAS Y RISAS
Cine Silente Mexicano - February 1, 2005

LAGRIMAS Y RISAS

Instrucciones para llorar: «Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos». Lo anterior lo escribió ni más ni menos que Julio Cortázar, mucho antes de inventar a la maga literaria que se internacionalizó en «Rayuela», y de que Carlos Medina Plascencia prorrumpiera en súbito gimoteo en el acto político en el que lo apoyaban para buscar la presidencia de su partido, por obra de la actual y real maga que ha realizado el acto de despejar el camino de ilusos aspirantes a competirle el sufragio en el partido, que no es el suyo pero que domina con sus sortilegios. Pese a todas las descoloridas explicaciones que da, en su desmañado lenguaje corporal y taciturno gesto, más que emociones concita a conmiseraciones por la candidatura a la Presidencia de la República que ve alejarse y de cuya cumbre a tiempo anheló el ensueño de tocar la cumbre y disfrutar el cielo. Algunos de los deslenguados que no faltan dicen que puede influir en el desánimo del espíritu la acusación socavada del subsecretario Yunes que intenta desprestigiarlo, ahora que está a punto de iniciarse como catecúmeno de introspección. Otros aducen que puede ser la renuncia del padre Maciel a la rectoría de los Legionarios de Cristo, al enterarse que Yunes nos buscará seguridad; hay quienes afirman que el desconsuelo puede venir porque el «Nalgas prontas» de José Luis Duran Reveles, que otra vez chupó Faros en la candidatura para gobernar el Estado de México, para desconsuelo de Bucareli y, los más, en el mar de rumores, afirman que ya el Estado se vio rebasado y que Fox no se da cuenta porque no tiene ojos para la realidad y se la pasa hechizado en su estrella, desde la que ve que ya alcanzamos el crecimiento del 7 prometido en aquel acto de juramentos templarios. Pero sólo el que lo carga sabe lo que pesa el yunque, y lo que lo que calan son los filos y más vale pagar con unas lagrimas que en un sinfín de suspiros. También puede ser que la inconmensurable tristeza que provoca las furtivas lágrimas es que le resuenan las palabras del cabeza de ajo Usabiaga, que es su paisano y posible futuro gobernador, a principios del sexenio les dijo a los campesinos: «De aquí en adelante tendremos que comercializar más que sembrar». Pero las mazorcas chimuelas y los frijoles congénitos de gorgojos nadie las compra y nadie les ayudó a producir para vender. Y como consecuencia de la crisis del campo, de la economía de harapos y de las políticas de frivolidades del matrimonio reinante, y del soberbio dirigente en el sector agropecuario, rebasados y en curva de subida sin cambio de luces y con los cuartos fundidos, los campesinos no terminan la cuesta arriba del Tratado de Libre Comercio, Bush y Condoleeza no se conduelen de los desamparados y Fox pese a ser de origen campesino nunca tuvo ganas, ni tamaños, para ayudarlos. A los agricultores y productores rurales que representan a sectores rurales medios y pequeños que hicieron todo lo posible por incorporarse a la modernización del campo mexicano y jugar las reglas del mercado, fueron abandonados por el gobierno en la competencia internacional y en las condiciones actuales para siquiera entrar ya no a competir en los mercados internacionales. Las organizaciones campesinas viven divisiones internas y se debilitan frente al gobierno federal y a sus propios agremiados. Los magros apoyos económicos gubernamentales se otorgaron selectivamente, condicionados al apoyo de los dirigentes a las políticas oficiales. A pesar de que en muchas regiones hay brotes de protesta y de inconformidad, la mayor parte de las organizaciones campesinas buscaron adaptarse a las nuevas condiciones y sus líderes sacar algunos personales provechos. El gobierno es como la baraja, falso y traicionero, e indiferente a los problemas de los hombres del campo impulsó políticas de desarrollo y destinó recursos a los sectores más rentables y competitivos, dejando al resto de los productores a la deriva. El propósito era evidente: descampesinar el campo y concentrar el apoyo en los productores de la agroexportación, cuya estrategia y realización son el resultado de los acuerdos del Secretario de Agricultura, sus allegados y sus socios norteamericanos. Otro gran escritor de quien Elena Poniatowska resumió su creación como la de un artista que renegó de su obra poética y se ufanaba de su oficio periodista, quien dio un sesgo a la prosa y la poesía mexicana al quitarle lo solemne, dándole un sello peculiar, fue Renato Leduc, La naturalidad de la expresión en Leduc es fruto, no obstante, de un cultivo disciplinado y su afición a frecuentar las cantinas, fue lo único que le aprendí al ilustre narrador que para mi fortuna se decía mi paisano. Lo saco a cuento porque hace años en la famosa cantina «El Gallo de Oro», lugar donde se juntaba con las cuadrillas de los toreros famosos de la época y con las gentes que podían pagarse ese lujo, porque era de las más céntricas y afamadas, se ubicaba en Venustiano Carranza y Bolívar. Ahí un generalote de los broncos y bragados que sobrevivieron a la Revolución diario asistía al mediodía, a la hora de la botana, y era respetado y temido porque hacía gala de su carácter cuando se le pasaban las copas. Un buen día llegó Renato y encontró al prócer bañado en lágrimas llorando en uno de los reservados, con una borrachera que de seguro continuaba de la noche anterior. No menciono su nombre porque todavía viven miembros de su familia. Renato fue el único que se atrevió a sentarse junto al militar para inquirir sobre la causa del copioso llanto y el ameritado general le contesta: Mire Renatito, cuando tomo mucha cerveza voy mucho al mingitorio a cambiarle el agua a las aceitunas y así llorando no tengo que pararme tanto. Aunque no es el caso de Medina Plascencia, pretextar el cambio de agua a los tanates tan temprano, como dice Diego se vio obligado a hacerlo cuando las escenas mudas en aquel famoso desayuno entre Ahumada, Doring y algún funcionario federal, que en la diligencia de menor cuantía, hasta al Procurador de la Republica salpicó en la presurosa sacudida; Pero contradiciendo el canto que dice que ya ni llorar es bueno, de algo le han de servir a Medina Plascencia, los pucheros y dar lástima para conseguir algunos votos y, si no llena las urnas, si llenará los mares con su llanto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *