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Por la Espiral - January 30, 2005

El llamado de Davos, sin liderazgos definidos

En la escena internacional permanece la  ausencia de un liderazgo definido para aglutinar propuestas que logren los consensos necesarios para temas tan puntuales como el respeto a la soberanía, los derechos humanos, la reducción de la pobreza y el cumplimiento del Protocolo de Kyoto.
            El contexto es claramente aprovechado por el unilateralismo ejercido por  George W. Bush, presidente de Estados Unidos, quien goza de un poder de predominio  en los principales organismos internacionales y de "carta abierta" avalada por la ONU para continuar con su política injerencista-belicista en aquellos países que se encuentran en la lista de la promoción de cambios.
            Entre las discrepancias que imperan, la postura de la Unión Europea (UE) es acaso la más dramática en cuestión de liderazgos,  por ser un bloque unificado que en su interior avanza en la solidificación de una Constitución, pero que en  política externa carece de una postura definida.
            No hay liderazgos sólidos que impulsen a la UE hacia un  contrapeso político para el vigor estadounidense. Ni siquiera los representantes europeos son capaces de ponerse de acuerdo para luchar contra el hambre, la pobreza y el SIDA de África, ni para construir desenlaces para el  éxodo de africanos que llegan a territorio europeo.
            Sin consensos a la vista,  la UE se queda estancada  con un  bajo perfil en la arena internacional.
            La semana pasada, en el Foro Económico Mundial realizado en Davos, Suiza,  de nueva cuenta los británicos aparecieron como el punto de discordancia al interior de la UE con una posición de apoyo a las políticas estadounidenses que surten poco efecto  para las cuestiones del desarrollo.
            En el foro de Davos estuvieron presentes las preocupaciones más acuciantes: 1)  La pobreza mundial. 2) El hambre y la miseria en África. 3) El avance del SIDA en África y en el mundo. 4) El cambio climático global. 5) La imposibilidad de que el mundo logre reducir la pobreza a la mitad antes de 2015. 6) La necesidad de incrementar la ayuda para el desarrollo.
            Como es costumbre, los participantes revelaron cifras escandalosas como aquellas que refieren a los 23 millones de africanos que comenzaron el siglo XXI infectados por el VIH.  O las utilizadas para segmentar a la población que vive diariamente con dos dólares o con menos de un dólar al día.
            Después de las cifras, surge el eco del llamado a la conciencia global, pero pocas son las acciones que en concreto acuerdan para ponerse en práctica.
A COLACIÓN
            La pobreza es el flagelo universal más acuciante, un dilema moral resultado de sistemas de producción que privilegian los monopolios y las oligarquías en contra de las masas.
            El espectro que debe combatirse es la desigualdad mediante políticas incluyentes y legislaciones que exijan a las grandes multinacionales la creación de empleos.
            La mala distribución de la riqueza aunada a la disponibilidad geográfica de los recursos naturales ha hecho más profunda la brecha del desarrollo, los países de África se encuentran doblemente en peligro por la combinación de ambos factores, los económicos y los naturales.
            La mala distribución es el origen de muchos males. El aprovechamiento de los alimentos a escala mundial es un ejemplo clásico: si existieran leyes equitativas todo el mundo podría tener alimentos, pero como no las hay, encontramos enormes claroscuros como la desnutrición que aqueja al 48% de los niños de Etiopía y el sobrepeso que afecta al 55% de la población en Estados Unidos, según datos  del  Worldwatch Institute Report.
            Las discrepancias persisten y en el infortunio del dilema moral, también subsiste que de la pobreza se hace negocio sobre todo cuando ésta se financia a través de los subsidios. Es un círculo pernicioso, en el que se hacen ricos los políticos, los líderes, los presidentes, los voceros de los programas humanitarios y las fundaciones que proliferan por doquier que sirven más de foro para señoras encopetadas y para la exención de impuestos. Sí, la pobreza y el hambre son un negocio perfecto para seguir sacando el dinero de los centavitos, pesos o dólares de los ciudadanos, de los contribuyentes, de las donaciones, de los apadrinamientos o del kilo de ayuda.
¿Por qué no son efectivos? Por que el dinero se queda en el bolsillo de otra persona y porque una limosna, una despensa y un botiquín, no resuelven el problema diario, presente y futuro,  del hambre y la miseria, de un tarahumara o de un ugandés.
GALIMATÍAS
            En Davos, Jacques Chirac, presidente de Francia, puso el dedo sobre de la llaga del capitalismo con la propuesta de aplicar  una contribución sobre de una parte de las transacciones financieras internacionales que representan unos 3 billones de dólares diarios, bajo un "impuesto sobre la solidaridad internacional".
            La propuesta de Chirac, que no fue avalada por los británicos,  tiene un sentido social que dista mucho de aquella propuesta original de James Tobin, Premio Nobel de Economía en 1981,  que impulsaba a los gobiernos a recaudar una tasa sobre de las operaciones con divisas como medio para disuadir la especulación desestabilizadora que les aquejaba en la década de los setenta. A la propuesta se le llamó el "Impuesto Tobin" o "Tasa Tobin".
            La idea de Chirac, la de un impuesto que grave al capitalismo, puede ser más efectiva que la de un subsidio, en la medida en que se permita que cada país cobre directamente esa  tasa sobre de las operaciones financieras diarias que reporta el mercado de valores y el dinero pase directamente a un fondo de cada país orientado a crear empresas, fábricas y talleres generadores de  empleo; el otro escalón es permitir que el trabajador tenga acceso a vivienda, seguridad social, sanidad y educación.
            Lo que debe hacerse es un proceso similar al que los biólogos y los ecologistas desarrollan en diversos países del mundo construyendo reservas naturales protegidas donde se busca la restauración del equilibrio.
            En el aspecto socioeconómico la única manera efectiva de mejorar el desequilibrio entre pobres y ricos es creando reservas sociales con áreas geográficas delimitadas a las que se impulse con programas específicos que por principio de cuentas le den al hombre y a la mujer la posibilidad de realizarse como "especie económica"  bajo los parámetros del desarrollo sostenible.
            Me parece que la propuesta de Chirac no hay que tirarla a la basura. En cambio debemos desdeñar a los subsidios que acostumbran  a los pobres a seguir siendo pobres y entonces el negocio es interminable. Qué pena que los participantes de la UE en Davos no respaldaron a Chirac.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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