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Espectáculos - January 30, 2005

“Código 46”, una historia de amor imposible

Cartel de la cinta futurista de ciencia ficción

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 28 de enero de 2005. Casi por regla general, una buena película tiene como soporte un buen guión, es decir, una buena historia ya definida y estructurada. En el caso de "Código 46" tenemos una película regular por deficiencias previas en el guión, es decir, la historia tiene varios "pero".

En un Shanghai muy moderno (quizás como en el 2020) y con severas medidas de seguridad, William (Tim Robbins) llega a investigar un caso de falsificación de papeles para entrar o salir de una especie de sociedad dividida (¿buenos y malos, aptos y no aptos, los que infringen las leyes y los que las respetan?) dentro de una ciudad igualmente escindida y llena de contrastes.

Con un comienzo interesante debido a la narración en off de María (Samantha Morton), quien relata la historia en un tono reflexivo e intimista, vemos cómo William posee cierto poder que le permite adivinar los pensamientos de las personas. Así, descubre que María es la persona que falsifica los papeles, pero señala a otro por salvarla a ella: se ha enamorado de la ¿delincuente?

Además, ella cumple años y deciden festejarlo juntos, por lo que terminan haciendo el amor y él debe partir de inmediato a Seattle, donde tiene su hogar. Sin embargo, pronto se requiere de William en Shanghai, puesto que siguen sucediendo casos de falsificación. Regresa y no encuentra a María: fue hospitalizada por violar el código 46. Al quedar embarazada hubo combinación de genes parecidos y eso está prohibido.

Así, interrumpen su embarazo y le borran todos los recuerdos de esa noche y de William. Éste decide buscarla y rescatarla del hospital, pero ella no recuerda nada. Él sin embargo le muestra sus recuerdos guardados en una pantalla de disco compacto y ella comienza a asociarlos.

William decide ayudarla a escapar a un Medio Oriente idealizado, donde se vuelve a producir la violación del código 46, por lo que la propia María (a causa de un virus inoculado) denuncia el hecho y su ubicación. Deciden huir antes de que lleguen por ellos, pero sufren un accidente carretero que los hace perder el sentido. William es regresado a su hogar literalmente con la "conciencia limpia" y María es deportada "afuera" y a vivir con los recuerdos.

"Código 46" es una extraña mezcla de ciencia ficción y realidad, pues nunca sabemos bien a bien qué sucede, quién gobierna o qué leyes rigen ese mundo futuro, donde la pobreza y el maniqueísmo actuales sirven de marco a una sociedad sumamente tecnologizada —con edificios y autos "inteligentes"— en la que el amor, la corrupción y las drogas siguen presentes en el ser humano aparentemente "perfeccionado".

Si usted gusta del género y si desea ver a Samantha Morton en una buena actuación que opaca a la de un Tim Robbins siempre con aspecto cansino, esté pendiente del estreno nacional de esta cinta —el próximo viernes 4 de febrero— que, a pesar de todo, mantiene despierto el interés del espectador durante toda la proyección.

Código 46

(Code 46, Shanghai/Estados Unidos, 2004).

Intérpretes: Tim Robbins, Samantha Morton, Om Puri, Jeanne Balibar, Togo Igawa.

Guión: Frank Cottrell Boyce.

Producción: Andrew Eaton.

Dirección: Michael Winterbottom.

Distribución: Videocine.

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