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Por la Espiral - January 19, 2005

Afirma CIA que subempleo en México es del 25%

Aunque debería ponerse mayor énfasis, al ¿por qué hay desempleo? Generalmente los gobiernos reaccionan más de manera reactiva que proactiva para luchar contra este mal social que afecta en todos los órdenes y ámbitos del ser humano.
La pérdida del trabajo produce un efecto psicológico en el individuo que lo padece, de la frustración,  surge el temor de no poder colocarse rápidamente y es cuando se llega a la depresión. Hay personas que se sienten inútiles, desperdiciados en sus habilidades y capacidades profesionales.
Después del "golpe psicológico" llega la cruda realidad para la familia que reduce la mayor parte de sus expectativas. Entonces se inicia un auténtico vía crucis:  llamar a amigos; a otros familiares y conocidos con la finalidad de encontrar alguna recomendación inmediata; con el consiguiente paso de preparar curriculums y llenar múltiples solicitudes de empleo.

Conforme avanza el tiempo y la persona desempleada no logra encontrar un puesto de trabajo, la familia reduce sus gastos. A su vez, el menor gasto  impacta directamente en los bienes y servicios que se han dejado de consumir, lo que se traduce en menores ingresos por ventas para las empresas. El círculo se cierra cuando las empresas, ante una caída cada vez más constante de la demanda, recurren al despido de cierto número de trabajadores para compensar los menores ingresos. Es pues un verdadero círculo perverso.
Hay personas que nunca recuperan el trabajo. Algunos tratadistas sociales argumentan -como para infundir optimismo- "que se pierde el trabajo más no el empleo". Bajo esta premisa se pretende dar opciones para la persona desempleada para que encuentre en el autoempleo la forma de obtener sus satisfactores inmediatos.
Se pierde el trabajo más no el empleo, es cierto, sí, pero el empleo nunca  dará la sensación de estabilidad que proporciona  un trabajo formal, ni mucho menos las prestaciones (malas o buenas pero allí están) y la certeza de una nómina quincenal. Esa sensación nunca se recupera, porque no la brinda el autoempleo ni la economía informal.

La Revolución Industrial, que surgió en la segunda mitad del siglo XVIII, con todo y los logros tecnológicos que aportó a la producción y a las comunicaciones, no pudo extender los beneficios a una sociedad que padeció el desplazamiento de la mano de obra por la máquina. Así creció la miseria y por ende los movimientos sociales y las revoluciones.
Los siglos han pasado y ahora que transitamos por el siglo XXI encontramos que ni la "revolución del chip" ni las políticas de adelgazamiento del Estado han  concretado beneficios económicos para más de la mitad de los seres humanos que vivimos en la gran aldea global.
El resultado ha sido una redefinición del mercado laboral en el que el trabajo ha ido perdiendo las grandes conquistas sociales para dar paso a la temporalidad, a los contratos mensuales, sin prestaciones de la ley y carentes de seguridad social.

A COLACIÓN
 El mercado laboral mexicano es sumamente complicado y heterogéneo. La mayor de las complejidades radica en la movilidad que tiene la fuerza laboral, que por las propias condiciones internas, a veces ingresa al sector formal de la economía y otras veces se mantiene en el subempleo, en el auto empleo o en la informalidad.
 Se imaginará amigo lector la dificultad para medir el fenómeno. Desde hace siete años, el INEGI estructuró la información del empleo y desempleo en el país en nueve tasas complementarias a la Tasa de Desempleo Abierto (TDA), un indicador cuya medición correspondiente al mes de diciembre es difundida el día de hoy con las entidades de Coahuila, Distrito Federal y Nuevo León entre las de mayor desempleo del país.
 Cualesquiera de las nueve tasas adicionales a la TDA pueden consultarse en el INEGI o en la página de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Algunas de estas tasas miden los niveles de subempleo que abarca a personas que trabajan menos de 35 horas a la semana; a las que buscan un trabajo adicional al que ya tienen y a las que perciben ingresos inferiores al salario mínimo; entre otros aspectos.

 Cada tasa proporciona datos complementarios a la TDA con la finalidad de obtener un panorama más global,  gracias a lo cual tenemos que el desempleo en el país no es un problema de un dígito, porque siendo honestos su verdadera dimensión nos lleva a niveles de dos dígitos que nos sitúa en situaciones equiparables a la del mercado laboral de Bangladesh o Guatemala.
 En el Fact Book 2004 que elabora la CIA encontramos que en el caso de México enfrenta niveles de subempleo del 25% lo que implica que un grueso importante de mexicanos carecen de certidumbre en materia de ingreso, de seguridad social y de trabajo.
 El subempleo no es más que la evidencia fehaciente del fracaso de las políticas neoliberales y de adelgazamiento del Estado y la prueba de mentiras de campañas incumplidas.
 La incertidumbre laboral que se enfrenta hoy en día en distintos ámbitos, sin importar la capacidad profesional ni las maestrías o doctorados ha generado el recrudecimiento de muchos males sociales: los suicidios de jóvenes en el sureste del país; la desintegración familiar; el mayor éxodo de mexicanos hacia Estados Unidos. Desde luego que también sería interesante establecer una correlación entre el panorama laboral y la propensión ha consumir alcohol en más de 32 millones de mexicanos, de acuerdo con cifras recientemente reveladas por la Secretaría de Salud.
 Padecemos por un enorme déficit en la creación de empleos, y todo apunta a que no hay soluciones reales. Sin una política económica y fiscal focalizada a fortalecer a la empresa en general, cada año el déficit será mayor y las consecuencias más negativas.
 El presidente Vicente Fox afirma que en los cuatro años que han transcurrido de su administración se han logrado recuperar los puestos formales que habían en el país en el año 2000. Lo que el presidente no mencionó en la ceremonia de reapertura de la Planta Llantera de El Salto, Jalisco, es que todavía no recuperamos los empleos que se perdieron en la crisis de 1995; y que arrastramos los otros empleos cancelados en 1987, 1986, 1983, 1982, 1977 y 1976. Es una herencia de varios sexenios y los años siguen pasando, las políticas cambian de la ortodoxia a la heterodoxia y regresan a la ortodoxia y cada sexenio estrenamos a un nuevo presidente que promueve la continuidad de un modelo en el que el empleo tiene menos prioridad que la inflación.  El subempleo seguirá a la alza.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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