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Toros y Deportes - January 18, 2005

Los chicles que dan poder y ‘buena suerte’ a los peloteros naranjeros

Durazo ha probado los
chicles de la suerte

Hermosillo, Sonora.- Martes 18 de enero de 2005.- (El Universal) Momentos antes del comienzo de cada partido, Salvador Cobos Ruiz espera, a un costado del dugout de los Naranjeros, la salida hacia el campo de los peloteros. Postrado en su silla de ruedas, espera la llegada de cada uno de ellos, para obsequiarles una golosina, chicles en su mayoría.

El ritual se cumple y los jugadores aceptan con gusto los chicles de Salvador, porque, dicen, les trae suerte.

Salvador Cobos recuerda que la tradición de los chicles nació hace varios años. "En una ocasión uno de los peloteros buscaba un chicle y no había en el dugout . Yo le ofrecí uno, y me lo agarró. A partir de ahí se me ocurrió invitar a los demás jugadores y al siguiente juego me traje un bolsón. Poco a poco me fui enrolando, me metí al dugout , platiqué con ellos, y a partir de ahí empezó todo".

Salvador se dedica a la venta de dulces, tras el accidente automovilístico que sufrió hace 12 años y que lo encadenó desde entonces a la silla de ruedas.

El trágico momento aún se mantiene fresco en su memoria. Es indeleble, punzante, doloroso…

"Trabajaba como agente de ventas. Manejaba rumbo al sur del estado, para cobrar unas cuentas; el auto volcó y me cayó en la espalda. Quedé mal de la columna.

Antes del percance, Salvador quiso ser futbolista, sueño que tejió en su infancia en su natal Tepic. Sin embargo, ahora es muy aficionado al beisbol, pues desde pequeño su familia se trasladó a Hermosillo, donde ya tiene viviendo 30 años.

Recuerda que su papá lo traía de chamaco a los juegos de los Naranjeros. Y, desde hace 10 años, es un asiduo aficionado.

"El beisbol me ayudó a superar mi invalidez. Es mi terapia, me motiva mucho venir a ver los juegos y estar cerca de los peloteros, quienes me dan consejos y me animan a seguir adelante".

Salvador Cobos prosigue con la historia de los chicles, llamados de la suerte por los jugadores.

Relata: "En una ocasión, le di un chicle a Juan Carlos Canizales, y le comenté a Óscar Soria un cronista de la televisión local que ese chicle es para un jonrón que va a pegar Canizales. Y lo conecta en el segundo inning. A partir de ahí, me comenzaron a decir: `Oye, que traen estos chicles`, y más les dio por el chicle de Chava".

Salvador dice que la magia se sigue produciendo durante los juegos de los Naranjeros.

"Vinny Castilla, Erubiel Durazo, Luis Alfonso García, Íker Franco, el mismo Canelo Canizales, me dedican jonrones cada vez que pegan uno: alzan el dedo hacia las gradas, en señal de agradecimiento".

Tiene Salvador muchas anécdotas. Comparte una: la del sabor preferido de los jugadores.

"Vinny Castilla prefiere los chicles de frutas; Fernando Valenzuela, los de plátano y los de frutas; José Luis Sandoval gusta de los de plátano, y Cornelio García prefiere los de dieta".

Comenta que algunos jugadores necesitan más de un chicle en un partido, como el pítcher Édgar González, quien mastica uno por inning. "Cuando le toca lanzar le doy dos paquetes, de cinco chicles cada uno".

El obsequio de los chicles de la suerte propicia que Salvador Cobos gaste alrededor de 200 pesos por juego. Sin embargo, no le importa tener ganancias ese día.

"Siempre trato de traerles los chicles, para que no les falte. No quiero fallarles, porque es ya algo tanto de ellos como mío".

Salvador dice que su ritual le permite cultivar la amistad con los peloteros, quienes, en retribución a su buen gesto, le obsequian souvenirs , uniformes, bates, pelotas firmadas y gorras.

Pero su sueño es acompañar a los Naranjeros a una Serie del Caribe, fuera de México, ya sea en Puerto Rico, Venezuela o Dominicana: "Estaría encantadísimo de la vida, estar con ellos, platicar, convivir en el dugout y en el terreno de juego… ¡Uta!, sería lo máximo!".

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