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Por la Espiral - January 12, 2005

Pemex: negligencia y dolo ambiental

En contaminación ambiental, la paraestatal petrolera, Petróleos Mexicanos (Pemex) parece empeñada en desplazar a la multinacional privada, la española Repsol, catalogada como una de las petroleras más contaminantes del mundo.

            La recurrencia de Pemex en hechos que alteran la biodiversidad de las zonas donde trabaja en la exploración, explotación y traslado de los energéticos, es una llamada de máxima alerta para construir una legislación ambiental, que en el ramo de la explotación de los recursos naturales para fines energéticos además de sancionar y refrendar las indemnizaciones correspondientes, también obligue a las empresas infractoras, públicas y  privadas, a canalizar reservas  para un fondo de rescate y restauración.

            Tenemos una normatividad con poca efectividad en los Contratos de Servicios Múltiples, que se otorgan en el país a las empresas extranjeras que llegan a trabajar con el valor entendido de que el  control de riesgos y una política ecológica es un asunto de segundo categoría.   Si hoy en día no hay ley ni autoridad que ponga en su lugar a Pemex, me pregunto ¿quién hará lo propio con Repsol, Cepsa, o Shell?

            El asunto del medio ambiente es delicado pero desde luego  preeminente. En él subyace un dilema ético que el capitalismo ha ampliado, exacerbado, porque se priorizan las ganancias, las utilidades, sobre de la moral y la responsabilidad de cuidar y proteger a  los recursos naturales.  La explotación a toda costa ha dejado  jurídicamente indefendibles a millones de ciudadanos en el mundo ante la ausencia de leyes ambientales y de instancias especializadas. Se atenta contra el futuro de la vida.

            El caso más soez lo representa Repsol, la multinacional española que aprovechando su poderío económico ha penetrado en diversos países del continente americano, comprando las petroleras locales, muchas de propiedad pública;  o bien logrando acuerdos de coinversión o de alianza estratégica.

            Ningún gobierno en América Latina ha reparado en crear un Comité que investigue la actuación ética y moral de una empresa como Repsol que  acumula demandas por daños ecológicos. El  mejor de los picaportes es el de los millones de dólares o de euros.

            Lo de Repsol es todo un suceso con demandas de comunidades y organismos no gubernamentales  de  Argentina,   Bolivia,  Perú y Venezuela.  No obstante, ninguna autoridad en México  valoró la relación explotación-riesgo bajo la que opera dicha empresa. En febrero de 2004,  Repsol ganó la  licitación para la compra de un  terreno y la construcción de una terminal de almacenamiento de gas natural en el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

            A los legisladores y al Partido Verde Ecologista (ya es tiempo de que sirva para algo) les pasó de largo la penetración de Repsol en Lázaro Cárdenas.

Los Contratos de Usos Múltiples que implican una privatización encubierta y a medias del sector energético nacional carecen de un sentido de protección ambiental y a nadie que tenga capacidad de decisión parecen importarles.

GALIMATÍAS

            Los investigadores de las más prestigiadas universidades del país identificaron las actividades más contaminantes de Pemex: la principal proviene de la extracción del petróleo en las plataformas del Golfo de México, seguida de la transportación marítima petrolera. El organismo internacional Oilwatch señala que existen 192 rutas petroleras en la cuenca del Golfo y el Gran Caribe.

En segundo lugar se ubica a la extracción petrolera; la tercera deriva del tratamiento de los subproductos y desechos de los procesos de transformación petrolera; la cuarta y la quinta la constituyen los accidentes de buques y fugas de ductos de transportación.

            Los directores operacionales justifican la recurrencia de Pemex en los ilícitos ambientales a causa de la falta de dinero para renovar una tecnología obsoleta.

 El pretexto es cuestionable en la medida en que Repsol, que aplica una tecnología de vanguardia, aparece como una empresa altamente contaminante en sus procesos.

            El desempeño de las petroleras (públicas y privadas, obsoletas o no) en su interrelación con el medio ambiente descansa en dos problemas más de fondo que de forma: el primero que identificamos radica en un marco con legislaciones ambientales débiles, que no logran evitar que las petroleras sigan contaminando; el segundo deriva de las finanzas internas de cada empresa que con tal de maximizar ganancias, reducen costos y en la administración aplican pocos recursos para riesgos, seguridad industrial y protección ambiental. No hay una corresponsabilidad, por eso actúan con tamaños niveles de negligencia.

A COLACIÓN

            El daño de Pemex a la biodiversidad del Sur-Sureste de México  es incalculable. ¿Acaso le importa al gobierno? La propuesta del Plan Puebla Panamá  más interesada en la explotación de los recursos de la zona y en la creación de corredores energéticos es una negativa total.  Importa más el dinero y favorecer al imperialismo.

            Lo qué pase en Veracruz, Chiapas, Tabasco o Campeche está demás.

            En Veracruz, los saldos ambientales son altamente negativos.   En 2001 la entidad fue una de las más afectadas por la operación de la paraestatal, hubo un derrame y fuga de hidrocarburos en Nueva Teapa-Poza Rica y en el poliducto Minatitlán-Villahermosa con un derrame de 4 mil 423 barriles de diesel.

El 22 de diciembre de 2004,  explotó un pozo y una  estación de bombeo de crudo que vertió el equivalente a cinco mil barriles de petróleo en el río Coatzacoalcos.

Más recientemente, el 11 de enero pasado ocurrió un incendio en una presa de residuos que causó una explosión en un equipo de perforación.

Pero tampoco Tabasco ni Campeche se han librado de la nocividad de Pemex.

En Villahermosa, la paraestatal deberá pagar indemnizaciones por 221 mil 389.5 pesos a los propietarios de terrenos afectados, por la fuga de aceite registrada el pasado 31 de diciembre en el oleoducto que corre de la Central de Almacenamiento y Bombeo (CAB) “Cunduacán” a la Terminal Marítima Dos Bocas.

            En Campeche, las aguas marítimas se encuentran contaminadas y la pesca es casi ya inexistente. En la capital del estado abundan letreros junto al mar que alertan del peligro de bañarse en dichas aguas.

            Las tensiones en contra de la naturaleza y de la salud de los mexicanos corren el peligro de aumentar si la ciudadanía no ponemos un hasta aquí. Diversos estudios geológicos consideran que más del 80% del territorio mexicano está sin explorar. Es como tener un cheque en blanco, y ya sabemos lo que significa.

Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

 

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