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Buenas Noticias - December 30, 2004

El tenor Francisco Araiza les abre paso a los cantantes mexicanos en Europa

El tenor Francisco Araiza
les tiende la mano a sus paisanos

Jueves 30 de diciembre de 2004.- La luz solar se extiende por la superficie del piano blanco. Con el rostro enjuto, el maestro reflexiona en la tibia tarde de Chimalistac: "Ya he hecho todo lo que quise hacer. Mi carrera ya es legendaria, aunque siempre tengo tareas y desafíos nuevos. Me gusta incursionar en nuevos terrenos."

El tenor mexicano Francisco Araiza no hace alarde de falsa modestia. Es el pionero. Le tocó hacer camino al cantar.

Considerado uno de los mejores intérpretes de Wolfgang A. Mozart en la historia, Araiza fue el primer cantante mexicano en emigrar a Europa para triunfar. Le abrió el camino a cantantes como Ramón Vargas o Rolando Villazón, quienes ahora son estrellas en la ópera mundial.

Araiza nació en 1950, en la ciudad de México. Su padre, organista michoacano alumno de Miguel Bernal Jiménez, fue comisionado a la catedral de Santa Prisca, antes de llegar a la capital.

Él hizo grandes esfuerzos para mantener a sus siete hijos, a los cuales su madre recomendó estudiar una carrera profesional. El mayor estudió una ingeniería en el Instituto Politécnico Nacional; Francisco, la licenciatura en administración en la UNAM. Los demás hermanos se dedicaron a la medicina y la sicología.

"Vivíamos en una colonia muy aguerrida, la Victoria de las Democracias. Mi papá tenía la convicción de que nosotros debíamos tener muy poco tiempo libre. Estudiamos idiomas y nos dio a escoger un `hobbie`. Mi hermano escogió la informática y el mío fue la música, aunque siempre mi mamá me advertía que sólo era un `hobbie`."

Pudo dividir su tiempo. Cuando concluyó su carrera trabajó como asesor administrativo. Se inscribió en la Escuela Nacional de Música. Una vez que la maestra Irma González, por consejo del padre de Francisco, lo escuchó cantar, decidió llevárselo al Conservatorio Nacional de Música.

Irma González lo recuerda como un chico disciplinado y serio, que nunca faltó a una clase. Araiza sonríe al recordar a su maestra.

"Tenía la certeza de que estaba en las mejores manos posibles. La clase era tan bonita y tan interesante que ella no sólo nos enseñó a ser cantantes sino también a resolver problemas propios y ajenos, es decir que nos educó para ser maestros de canto."

Ya con el dominio del alemán y luego de haber estudiado repertorio germano con Erika Kubacsek, quien vio en el tenor las cualidades para hacer una carrera internacional, en 1974 Francisco Araiza experimentó "el desprendimiento umbilical de la familia y la patria", partió a Alemania.

El viaje al exterior

"Yo no conocía el medio europeo. Había tenido viajes pequeños a América Latina, pero siempre con el coro de la Universidad. Afortunadamente conté con el apoyo de personas que me ayudaron mucho: las maestras Irma y Erika; el maestro Carlos Díaz Dupond, que me dio una beca; Luis Berder y Ricardo Rondón, que me facilitaron los boletos del viaje."

Kubacsek le recomendó estudiar tres años en Viena, con Anton Dermota, quien lo aceptó como alumno sin haberlo escuchado, además de participar en un concurso internacional importante para detectar carencias. Ariaza se inscribió y ganó el concurso de la Radio Bávara de Munich. Una semana después ya tenía su primer contrato.

Si bien su repertorio hasta ese momento era italiano, para el concurso tuvo que interpretar arias de Mozart. Eso fue definitivo en su carrera.

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