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December 2, 2004

Plazuelas, tierra chichimeca

Plazuelas, Guanajuato

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Se localiza en el estado de Guanajuato

Ciudad de México. 28 de noviembre de 2004. "La zona arqueológica de Plazuelas, localizada en el estado de Guanajuato, es única entre los centros prehispánicos habitados durante el primer milenio de nuestra era y lleva un avance de 85 por ciento en el rescate de sus estructuras, por lo que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la entidad prepara el expediente para su protección jurídica", informó la directora del Centro INAH-Guanajuato, Guillermina Gutiérrez Lara.

Agregó que Plazuelas, actualmente cerrada al público, se encuentra en una etapa de consolidación de lo restaurado desde 1997 por el arqueólogo y encargado del proyecto Carlos Castañeda López, quien impulsa el plan de reordenamiento territorial de la zona.

Dijo que también se prepara el expediente correspondiente para obtener la declaratoria de zona de monumentos arqueológicos y que la Dirección de Registro Arqueológico del INAH ya tiene la primera versión para que, en su momento, se cumplan las observaciones y se elabore el documento final que le dará seguridad jurídica a las 34 hectáreas que conforman el área, localizada en las estribaciones sureñas de la Sierra de Pénjamo, a una hora por carretera de la ciudad de Guanajuato.

Señaló que en el siglo XVI, a la llegada de los españoles, los chichimecas vivían en Plazuelas; sin embargo, con el avance de los trabajos arqueológicos de estos últimos años, se ha logrado evidenciar que en Guanajuato habitaron desde épocas remotas diversos grupos étnicos que debieron mantener complejas formas de alianzas.

Gutiérrez Lara indicó que, paralelamente a la etapa de consolidación de las estructuras, se avanza en el diseño y ejecución de andadores, proyectos de señalamiento e imagen, hechos ex profeso para la zona. Todo ello para acatar los lineamientos contenidos en el manual de operación y mostrar al público en su oportunidad la diversidad de confluencias étnicas que, aunque de pequeñas dimensiones, hacen de Plazuelas un lugar especial.

El sitio está integrado por dos juegos de pelota, seis edificios —uno de los cuales es de planta anular asociado a la tradición de los inmuebles circulares de Teuchitlán, Jalisco, al que en la región llaman El Cajete—, un conjunto de tres basamentos piramidales que conforman una plaza abierta al sur, asociada a dos terrazas que nivelan suavemente el terreno. Al más grande de los edificios se le conoce como Las casas tapadas.

El acceso principal a estas últimas es mediante una calzada limitada por bajos muros en el poniente. Por el norte, un afloramiento rocoso fue reacomodado para dar forma a varios escalones que marcan un suave descenso en línea recta al manantial. Por su importancia, las labores de restauración se han enfocado, en primera instancia, a la exploración, consolidación y restauración de Las casas tapadas.

Gutiérrez Lara informó que Carlos Castañeda, durante la última intervención en la zona del juego de pelota, encontró algunas estructuras, al parecer temascales. Además, se continúa con el registro de petrograbados o piedras talladas que hasta el momento suman alrededor de mil 600, es decir, 400 más de las que se tenían hace unos meses.

Explicó que, en el ámbito nacional, Plazuelas representa uno de los proyectos integrales más ambiciosos que conjuga tanto el rescate de las estructuras del sitio como el del área habitacional adyacente, por lo que dentro de los planes está el involucrar a los lugareños, a fin de que participen en la protección del patrimonio cultural y en el levantamiento arqueológico del lugar.

Por último, comentó que el municipio de Pénjamo mantiene su participación con recursos propios en el mejoramiento de vivienda, pavimentación del acceso carretero, empedrado de las calles y la construcción de un museo de sitio para exhibir, entre otros objetos prehispánicos, jade, collares de turquesas, conchas, trompetas de caracol, figurillas, lanzas de obsidiana y jadeita, materiales encontrados por los propios residentes y que puntualmente notifican al INAH, como la donación de un habitante del pueblo contiguo a la zona, quien durante años recolectó alrededor de 600 piezas, entre ellas algunas vasijas muy bien conservadas.

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