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Buenas Noticias - November 16, 2004

Charla sobre Diego Rivera y el cubismo

"Paisaje Zapatista" pintado en
1915 por Diego en óleo sobre tela

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 10 de noviembre de 2004. que no pintaba por instinto, sino que ponía una serie de conocimientos y lucubraciones intelectuales al servicio de la composición, del color y de las texturas, con el fin de dar vida a sus obras”, expresó la crítica de arte Raquel Tibol, después de participar en el ciclo “Venga a tomar un café con…”, que se lleva a cabo todos los martes en el Museo de Arte Moderno (MAM) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Así, el 9 de noviembre tocó el turno a la reconocida especialista, quien habló de la vida y obra del pintor en el marco de la exposición de pintura “Diego Rivera y el cubismo: Memoria y vanguardia”, que se exhibe actualmente en ese recinto del INBA.

Explicó que la etapa cubista del muralista comprendió de 1913 a 1917. “Es a partir de este momento cuando queda en el creador un sustrato de lo que se ha dicho ya en otras ocasiones y que se relaciona con que Diego Rivera no habría sido el gran pintor de murales y espacios, si no hubiera sido por su paso por esta corriente pictórica, así como por su buen desarrollo en el dibujo, que lo llevó en busca de sus propias fantasías y necesidades estéticas”.

Indicó que la incorporación del pintor a la revolución vasconcelista permitió que fincara en las necesidades culturales, educativas, estéticas y sociopolíticas de México su particular activismo revolucionario a inicios de los años veinte con el gobierno de Obregón: “Diego entonces comenzó a tener un trabajo más lento que su propia evolución mental, descargando en sus obras todos aquellos conocimientos adquiridos durante su estancia en Europa y muchos de ellos quedaron plasmados en las obras posteriores a su etapa cubista ya en México”.

Añadió que Rivera es uno de los artistas más prominentes del siglo XX y que a pesar de haber abandonado Montparnasse y sus ligas con el cubismo, su producción artística de 1913 a 1917, aproximadamente, se convierte en legado de su acercamiento al movimiento de vanguardia, al tiempo de mostrar su sensibilidad política y su emergente nacionalismo.

Tibol puntualizó: “Hay que distinguir, primero, la etapa en la que él asimila al Greco y lo traduce al cubo futurista poco a poco. Su trabajo en ‘La mujer del pozo’ es un punto culminante donde todos los elementos españoles y los localismos entran en un tratamiento futurista. Creo que es uno de los cuadros cumbre de la intelectualidad, al componer los planos y la realización de la figura humana, al convertirla en un elemento, propiamente, geométrico y dinámico dentro de la composición de una obra”.

La exposición “Diego Rivera y el cubismo: Memoria y vanguardia”, se exhibe en el MAM y estará abierta al público hasta el 16 de enero de 2005. No se la pierda, es una magnífica oportunidad para conocer una más de las facetas creativas del muralista nacido en Guanajuato en 1886.

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