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Espectáculos - October 26, 2004

Ana Gabriel, su pasión es su público

Pasión. Ana Gabriel
interpretó temas de ‘Tradicional’

Inaugura Vicente Fernández "México Now!" en NY

En su más reciente presentación en el Anfiteatro Universal, Ana Gabriel demostró que es una gran conversadora. Comunicándose permanentemente con su público entre canción y canción, y aceptando de buena gana las ofrendas florales y las servilletas de papel con pedidos de canciones y mensajes cariñosos que le hacía llegar el público, la cantante sinaloense trató de establecer un contacto casi íntimo con quienes la observaban en el estrado de tan vasto local.

La noche del sábado el anfiteatro se llenó con sus admiradores más fervientes, esos que no dejan de corear sus temas y de emocionarse hasta las lágrimas con sus apasionadas interpretaciones.

Con una gran seguridad en sí misma y llevando una suerte de kimono amarillo que en otra se hubiera visto quizás ridículo, pero que le sentaba perfectamente a su esbelta figura, la cantante demostró que sabe llevar sus cuatro décadas con una elegancia y una gracia femenina que serían la envidia de muchas de las intérpretes más jóvenes.

Pero lo trascendente en ella no es su apariencia ni sus conversaciones con el público, que si bien resaltaron su carisma se volvieron a veces demasiado largas. Lo realmente importante es su espléndida voz, tan poderosa e imponente que parecía atravesar los muros del auditorio. Se podrá decir que Ana Gabriel es demasiado melodramática, y que su voz termina siempre por alcanzar inflexiones exageradas; pero la genuina pasión con la que se enfrenta a cada una de sus piezas (muchas de las cuales han sido escritas por ella misma) no puede resultar siendo menos que conmovedora.

“Las canciones no tienen sexo, sino mucho amor”, fue una de las primeras declaraciones veladamente eróticas que la cantante le hizo a sus seguidores. “Gracias por la oportunidad de hacerme el amor a través de la música”. Y con estas palabras acompañó las primeras canciones de un show que se prolongaría por dos horas y media, iniciándose con el sabor a cumbia —un género atípico en su repertorio— de Estoy tan sola, e inclinándose inmediatamente después por el estilo que la hizo famosa, el de las baladas pop, plasmado en cortes como Dulce y salado, Evidencias y Destino.

Acompañada por un versátil conjunto musical en el que se incluían instrumentos como la guitarra, el guitarrón, una sección de vientos y un teclado que podía reproducir cualquier clase de sonido, Ana Gabriel pudo pasar fácilmente de esa tendencia moderna a las exhibiciones más folklóricas de Con las alas atadas, un tema de inconfundible tinte mexicano que ha sido incluido en su nuevo álbum, Tradicional. A pesar de rememorar viejos tiempos, dicho tema fue escrito recientemente por la misma artista, un hecho que demuestra su enorme talento para incursionar en diferentes campos musicales.

No faltaron los temas bailables como Sólo quiero ser amada y En la oscuridad, que si bien no rescataron del mejor modo sus cualidades vocales, se convirtieron en la excusa perfecta para que el público se pusiera de pie y bailara sin desmayo. La estrella de la velada —que también sabe bailar con discreción y coquetería— se acercó a un fanático y compartió con él su micrófono durante la ranchera Rayando el sol, en otra insólita aproximación a la audiencia. Y llegó casi a las lágrimas al entonar con desgarrada voz temas tan emotivos como Me equivoqué contigo y El cigarrillo, para después recuperar la compostura de manera inmediata y dirigirse nuevamente a su público con el cariño y la seguridad de siempre.

Todo esto sirvió como una clara muestra del gran nivel profesional de una artista que fue capaz de meterse en cuerpo y alma dentro de una interpretación terriblemente exigente y, una vez culminada la canción, cambiar completamente de ánimo para afrontar el siguiente reto, ya fuera la cumbia Tengo que esperar, las conocidas baladas Quién como tú y Simplemente amigos —compuesta en honor a una pareja gay— o la legendaria ranchera Un viejo amor, coreada a rabiar por el anfiteatro en pleno.

“Madre, he aquí a tu hija”, dijo Ana Gabriel cuando llegó el momento de saludar a la aludida, ubicada en las primeras filas del local. Tan curiosa referencia bíblica fue el preludio de Luna, la canción más esperada de la noche, apoyada en unos vibrantes teclados que reprodujeron convincentemente el sonido de toda una orquesta.

“Aunque mi música se ha dejado de escuchar como antes en las radios, todavía los tengo a ustedes”, exclamó la cantante al final del show, justo antes de cerrar definitivamente el telón con un bis que incluyó versiones a ritmo de banda de La reina, Mi gusto es y Tú y las nubes. Y fue esta última declaración la que permitió entender completamente el cuidado y la devoción que la talentosa artista le brinda a sus fervientes admiradores.

La Opinión

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